domingo 21 de marzo de 2010

Maldito karma

Aunque en España sea prácticamente un desconocido, David Safier es un guionista y novelista alemán muy popular en su país. Además de haber escrito el guión de varias series de éxito y tener varios premios de televisión, con su novela Maldito Karma (Seix Barral) ha conseguido un gran éxito de crítica y ventas, superando el millón de ejemplares sólo en Alemania.

La protagonista de Maldito Karma, Kim Lange, es una presentadora de televisión de gran éxito. Sus programas tienen gran audiencia, su prestigio es enorme, y está nominada al premio más importante que se concede en su país a un presentador de televisión. Pero conseguir esa posición en un sector en el que la competencia es feroz no ha sido nada fácil, y ha tenido consecuencias negativas en su vida personal. Su matrimonio hace aguas por el poco tiempo que Kim dedica a la vida familiar. Y su única hija reclama continuamente una atención que su madre no tiene tiempo de prestarle. El mismo día en que se van a entregar los premios de televisión, Kim tiene que elegir entre acudir a la ceremonia o participar en la fiesta del quinto cumpleaños de su hija. Por supuesto, elige la entrega de premios. Y allí, en un inverosímil accidente, Kim Lange muere y se reencarna en hormiga.

Y aquí es donde empieza realmente la novela. Toda la narración es una carrera de obstáculos para la ex-periodista, una dura prueba en la que se reencarnará varias veces y deberá intentar realizar buenas acciones para acumular el buen karma necesario para llegar, algún día, al Nirvana. Pero vida tras vida, Kim se irá dando cuenta de que desperdició su vida como humana en busca de su éxito profesional, abandonando a su marido y, sobre todo, a su hija. Cuando se da cuenta de lo mucho que quiere a esas dos personas, el karma y el Nirvana pasan a un segundo plano, y su único objetivo es pasar el mayor tiempo posible cerca de los que fueron su familia.

Pero el hecho de que la novela hable de reencarnación y karma, no significa en absoluto que sea una obra espiritual. Al contrario, el tema de la reencarnación es una simple excusa para lograr dos objetivos. El primero, y el que logra el autor sin ningún esfuerzo, es hacer una novela ligera, divertida y llena de situaciones sorprendentes por lo absurdo de los protagonistas. El hecho de que varios protagonistas sean humanos reencarnados en animales genera momentos cómicos que hacen que la novela sea entretenida y amena. El segundo objetivo parece ser una reflexión seria sobre los valores de la sociedad actual, las prioridades que asignamos en nuestras vidas al trabajo y la familia. El autor, de una manera un tanto ingenua y superficial, aborda un tema que siempre ha sido arduo, el de conciliar la vida laboral con la necesaria dedicación a la familia. Pero en la novela gana el humor frente a la reflexión. Las ocasiones en que Safier intenta profundizar sobre lo que es realmente importante en nuestras vidas -hace incluso alguna pequeña incursión en el tema de las religiones-, quedan ahogadas rápidamente por la necesidad de lograr un ritmo ágil en la novela y, sobre todo, por ese empeño en evitar el tono serio, rebajando la tensión rápidamente con un giro cómico. Así, cuando la narración empieza a adquirir un tono formal, reflexivo, parece que el autor teme espantar al lector y abandona rápidamente esa seriedad volviendo al estilo intrascendente y risueño en el que Safier se siente más cómodo.

La trama de Maldito karma, si bien es original, resulta bastante predecible, y salvo un par de sorpresas -una de ellas incluye una trampa de la que el autor podría haber prescindido-, no presenta sobresaltos ni giros inesperados.

Maldito karma es uno se esos libros que gustan sin saber demasiado porqué. El argumento es de lo más increíble, pero quizá por ello el lector tiene, desde el principio, una actitud de total aceptación, de que cualquier cosa que ocurra en la novela la va a admitir sin rechistar. Además, el tono de la novela es ligero, plagado de situaciones que despiertan la sonrisa en cada página. El toque humorístico y jocoso de la novela no esconde un intento de reflexionar sobre la vida y la muerte, sobre la importancia de priorizar las cosas realmente importantes en nuestras vidas. Si se queda o no es un mero intento es algo que cada lector deberá valorar.

domingo 14 de marzo de 2010

Ordeno y mando

El peculiar estilo de Amélie Nothomb nos trae en esta ocasión una novela que, aunque tiene tintes realistas, no deja en ningún momento de evocar la fábula y la fantasía. Porque a pesar de que lo que se narra en esta historia podría llegar a ocurrir, la actitud de los personajes se nos antoja tan inverosímil que acaba por imponerse la idea de que la narradora ha forzado al máximo los engranajes de la imaginación, logrando una narración que no es sino una fantasía utilizada como metáfora de la vida, de nuestras vidas.

Ordeno y mando (Anagrama) arranca con un hecho sorprendente y que ya adelanta lo improbable del resto de la narración. Baptiste Bordave, un parisino que lleva una vida monótona y falta de alicientes, recibe en su casa a un extraño que llama a su puerta con urgencia. El desconocido dice haber tenido una avería con su vehículo y le ruega que le permita utilizar el teléfono para llamar al taller. Baptiste le permite hacerlo, sin pensar todavía muy bien en lo extraño de aquella situación. ¿Aquella persona que transita con un coche por las calles de París no dispone de teléfono móvil? O, en cualquier caso, ¿no hay cerca una cabina telefónica desde la que pudiera haber llamado para pedir ayuda? Pero a Baptiste no le da tiempo a hacerse esas preguntas, ya que mientras su atípico huésped está al teléfono, se desploma en el suelo. Cuando Baptiste se acerca a él, comprueba que ha muerto.

Baptiste, en lugar de reaccionar como sería de esperar, llamando a una ambulancia, decide indagar en la personalidad del desconocido. Encuentra su documentación y las llaves de su coche, un caro deportivo. Y el extraño resulta ser Olaf Sildur, un sueco que parece ser rico, muy rico. Y Baptiste siente en ese momento que se le está ofreciendo una oportunidad que no puede desaprovechar. En pocos minutos decide que asumirá la personalidad de aquel hombre que ha muerto en su salón. A partir de hoy será Olaf Sildur, y dejará que aquel cadáver sea descubierto, quizá semanas más tarde, con la esperanza de que crean que corresponde a Baptiste Bordave. Y aunque pueda parecer imposible, Baptiste asume realmente la vida de Olaf. Como Olaf se instala en una imponente mansión situada en Versalles. Y con su nueva personalidad convive con la esposa del verdadero Olaf. Una esposa que, ahora, es viuda sin saberlo.

Ordeno y mando es la historia de una persona a la que su vida le parece vacía, falta de valor. El destino le permite ser otro, y se apresura a aprovechar la oportunidad. Pese a no saber qué se encontrará, pese a parecer casi imposible que su plan funcione, se arriesga para vivir la vida de otro, una vida que le llenará. Y no es que Baptiste se sienta deslumbrado por el dinero, por la personalidad de un millonario que tiene mansiones y deportivos. Baptiste habría obrado igual si en lugar de un millonario hubiera muerto en su salón un indigente. El hecho es que a Baptiste cualquier vida que no sea la suya le debe parecer más interesante, más llena, más digna de ser vivida. Y Baptiste no es una excepción, porque la esposa de Olaf parece asumir este nuevo giro del destino con igual determinación y aceptación. Si Baptiste ha tomado la decisión de ser otro, ella ha visto cómo su rutina se alteraba, cómo su vida cambiaba sin que nadie le preguntase. De repente su marido no está, y en su lugar aparece aquel extraño. Pero la total aceptación de estos hechos parece dejar claro que tampoco ella se sentía bien con su existencia, y que un cambio de vida, casi de personalidad, es lo que más le apetece.

Amélie Nothomb habla en su última obra del sentido de la vida en minúsculas, es decir, el sentido que cada uno le encontramos a nuestra existencia. La falta de motivación, la monotonía, el vivir una vida que no nos satisface, nos hace anhelar otras vidas, otras existencias, aún cuando no sepamos ni remotamente lo que nos podrían deparar. Y, a la vez, Ordeno y mando es un ejercicio de prudente optimismo, porque la novela acaba siendo, si no una historia de amor, sí de un enamoramiento. El cambio en la vida de Baptiste, ahora Olaf, parece darle nuevos alicientes, nuevas ganas de vivir y sentir. Y el amor acaba por surgir en su vida cuando nada hacía presagiar que algo así sucedería.

Nothomb se aparta con su nueva novela de los claros rasgos autobiográficos que suelen impregnar sus obras para ofrecernos una novela de ficción, casi de fantasía, pero que habla de la realidad cotidiana de la insatisfacción y del anhelo de vivir una existencia que se nos antoja más emocionante que la nuestra. Una novela que, sin ser de lo mejor de la autora, merece una lectura que no ocupa más de dos o tres horas.