viernes 22 de enero de 2010

Sputnik, mi amor

Myû es una enigmática mujer de casi cuarenta años y está casada, pero pasa mucho tiempo lejos de su marido. Se dedica a los negocios de importación y exportación. Surime es una chica de veintidós años, soñadora, sensible y rebelde, que quiere ser novelista. Cuando conoce a Myû se enamora perdidamente de ella. Y el narrador y protagonista de la novela -del que el lector no llega a saber el nombre-, es un joven profesor y el mejor amigo de Surime. Pero él está enamorado de ella, aunque sabe que ese amor no podrá materializarse jamás.

Sputnik, mi amor (Haruki Murakami, Tusquets) gira en torno a estos tres personajes, tres voluntades, tres modos de ver y vivir la vida. Los tres coinciden en un lugar y un tiempo, pero en realidad nada les une, por lo que sus encuentros son realmente desencuentros. Son tres piezas que no encajan por más que lo intenten. Su infelicidad proviene de intentar encontrar en otros lo que saben a ciencia cierta que no les darán. Quizá, también, de no haber encontrado ellos mismos su lugar en el mundo.

Murakami crea con tres personajes y una trama sencilla pero muy bien urdida, una atmósfera intimista, donde desde el principio vemos a los protagonistas abocados al desencanto, a una vida incierta y nunca feliz, jamás plena. No es la primera novela en la que Murakami trata la soledad y la dificultad de alcanzar la felicidad, pero sí es en la que lo hace con mayor contundencia y concisión. Como en otras ocasiones, el recurso de la escritura en primera persona acerca al personaje del joven profesor, y permite al lector una identificación casi plena con él.

No faltan en Sputnik, mi amor, los elementos oníricos y fantásticos que en pequeñas dosis -como en esta novela-, o en generosas raciones -como en su última novela titulada El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas-, siempre están presentes en la obra de Murakami. En cuanto a la forma, no vamos a descubrir nada nuevo si hablamos de su excelente dominio de la técnica narrativa o de su uso del lenguaje, trabajado, cuidado al máximo pero sin excesos ornamentales. Los que conocéis a Murakami ya sabéis que trabaja cada página, cada párrafo y cada frase como si fuera, a la vez, un rico grabado y un sencillo haiku. Sí merece la pena mencionar, ya que a veces no se le da la importancia que merece, el excelente trabajo de traducción que han hecho aquí al alimón Lourdes Porta -una habitual ya de Murakami- y Junichi Matsuura.

Los incondicionales de Murakami no se sentirán defraudados con Sputnik, mi amor. Los que no hayáis leído nada de este autor, puede que os desconcierte que en una historia realista, perfectamente cotidiana, aparezca de repente un elemento onírico, un suceso fantástico o casi mágico. Sí, al principio es extraño, inquietante. Pero si se persevera acaba gustando, y mucho.

domingo 17 de enero de 2010

La mecánica del corazón

Ante todo, no os dejéis engañar por la portada. Sí, es un consejo que podría valer para cualquier libro, pero en este caso es especialmente importante. La mecánica del corazón (Mathias Malzieu, Mondadori) se ha editado en castellano con una ilustración ocupando portada y contraportada, una ilustración que presenta a dos jóvenes que intuimos enamorados. El tipo de dibujo, el color, y hasta la tipografía utilizada en el título evocan un cuento infantil, un cuento de hadas, una historia amable y alegre. Nada más lejos de la realidad. Se trata de una historia dura, en modo alguno enfocada al público infantil, y con un poso de tristeza y hasta de fatalismo. Y en la portada todo esto sólo se empieza a intuir si uno se fija en la cara del joven: una cara triste, seria, melancólica.

Por otro lado, La mecánica del corazón es una novela corta de corte clásico, buena factura y en la que es fácil quedarse atrapado. Ciertamente no está dirigida al público infantil. Algunos puede que la consideren incluso impropia para niños. Todo es opinable, pero los padres que no quieran que sus hijos lean una historia donde un niño cría a un hámster (regalo de dos prostitutas) al que llama cunnilingus, o donde se describe de manera más o menos velada algún que otro escarceo sexual harían bien en leer ellos el libro antes de pasárselo a sus retoños. Sé de un caso de padres ruborizados que, tras regalar a su hija el libro porque se había encaprichado de la portada, lo leyeron después que ella y se sintieron avergonzados. Aunque por otro lado la niña -que tiene nueve años- quedó encantada con el libro, y no hizo ninguna pregunta incómoda. Señal de que los adultos somos mucho más escandalizables que los niños.

El relato de Malzieu nos sitúa en Edimburgo en 1874. Allí nace Jack, un pobre niño al que su madre abandona en la casa de la doctora Madeleine, la comadrona que le ayuda a dar a luz. No es la primera vez que Madeleine se hace cargo temporalmente de algún bebé al que su madre no quiere por uno u otro motivo. Normalmente estos niños acaban siendo adoptados por algún matrimonio, pero Jack sufre un problema que hace que nadie le quiera por hijo. Y es que cuando nació, Madeleine se dio cuenta de que su corazón estaba prácticamente helado y siendo tan débil apenas resistiría, por lo que le colocó un reloj de cuco en el pecho para que ayudase a vivir al pequeño. Así, Jack se queda a vivir con Madeleine, y durante sus primeros años permanece prácticamente recluido en casa. Pero todo cambia un día en que, paseando por el pueblo, ve a una niña cantante de la que se enamora perdidamente.

La reacción de Madeleine no puede ser más alarmista. Reprende a Jack y le advierte de los peligros del amor para su frágil reloj, del daño que le puede causar. Pero Jack está decidido a volver a ver a la niña, y tras mucho insistir consigue que Madeleine lo inscriba en el colegio, donde cree que coincidirá con ella. Sin embargo en la escuela la niña no aparece, y en cambio se encuentra con otros niños crueles que se reirán de él y le humillarán. Y es que llevar un reloj de cuco en el pecho es ser diferente, y ser diferente acaba, muchas veces, en humillación y desprecio por parte de los demás.

La diferencia es uno de los temas de La mecánica del corazón. Otro es el instinto protector de los padres, que a veces se excede y se convierte en una cárcel que impide al niño desarrollarse normalmente. Pero el eje principal de la historia es el amor y lo que puede hacer con nuestro corazón -o con nuestro reloj de cuco, según los casos-. La novela es una auténtica fábula para adultos, que habla de amor y dolor como un tándem indivisible. Arriesgar, exponer el corazón, es necesario para amar y ser amado. Después, se obtendrá la recompensa o no. Y si no hay recompensa, habrá un corazón roto. La mecánica del corazón parece preguntarnos continuamente si estamos dispuestos a arriesgar, si creemos que merece la pena exponerse a sufrir cuando nadie nos asegura que consigamos ser amados.

Una fábula para adultos, un libro que tiende a la tristeza y el desencanto. Pero una historia muy bien contada -salvo algún anacronismo que hace chirriar de vez en cuando los bien engrasados engranajes de la novela- y que dista mucho del aspecto ingenuo de la portada con que se presenta. Sobre todo es una historia que atrapa en una atmósfera mágica, que transporta a otra época, y casi a otro mundo.

A falta de web oficial del autor, os recomiendo dos enlaces. El primero corresponde a la web oficial del libro en castellano; el segundo lleva a la página web de Dionysos, un grupo francés de música pop del que Malzieu es vocalista.