Una combinación de falta de tiempo para leer y escribir, una racha de malas lecturas que creo no merece la pena mencionar aquí y, por qué no decirlo, algo de pereza, me han tenido apartado de este blog más tiempo del que hubiera querido. Desde que comencé con él me propuse comentar un par de buenos libros al mes, como mínimo. Espero volver al buen camino, y para ello aprovecho una reseña que escribi recientemente para el fanzine Punto de libro.Dune (Frank Herbert, La Factoría de Ideas) es una ambiciosa y voluminosa novela sustentada en dos temas principales. Uno de ellos es un clásico en la literatura: las luchas de poder entre facciones –en Dune son diversas Casas feudales-. El otro, y aquí está uno de los elementos diferenciadores de esta novela, es el respeto al medio ambiente, la ecología y las especies y razas aborígenes. Hoy en día quizá no nos sorprenda esta temática, pero Dune fue pionera en tratar los conflictos que surgen cuando la acción del hombre entra en un ecosistema distinto al suyo. La elección entre adaptarse al nuevo entorno o intentar adaptar el entorno a nuestro modelo preconcebido es lo que Frank Herbert utiliza como eje de esta novela.
El argumento, pese a la longitud de la obra, es sorprendente por su sencillez. La Casa Atreides se ha hecho con la concesión del planeta Arrakis, un lugar inhóspito, desértico, pero en el que abunda una valiosa especia, la melange, que es clave en el comercio interestelar. Los Atreides, encabezados por el duque Leto y su hijo Paul abandonarán su planeta natal, Caladan, y se desplazarán a Arrakis, sabiendo que la valiosa concesión no es más que un regalo envenenado. La Casa Harkonnen, que hasta ahora explotaba la producción de la melange ha urdido una trampa para deshacerse definitivamente de los Atreides. Pero el duque y su hijo sólo intuyen la trampa: no saben en qué se concretará, en quien pueden confiar y en quién no. Cuando la traición se consume Paul se verá en una encrucijada. Por un lado deberá elegir a sus aliados, y los mejores parecen ser los Fremen, los habitantes autóctonos del planeta Arrakis. Estos valoran el agua como el bien más preciado del planeta, muy por encima de la melange, y se han adaptado perfectamente a las extremas condiciones de vida del desierto, que además de la escasez de agua plantea el peligro constante que representan los enormes gusanos de arena que acechan por doquier. Paul, además, se verá en un dilema ético entre explotar el planeta, extrayendo toda la especie posible sin preocuparte de sus habitantes, o intentar mejorar las condiciones de vida impulsando planes de transformación del planeta para poblarlo de vegetación y agua.
Naturalmente este es sólo un breve apunte del argumento. La novela aporta numerosos e interesantes detalles que dan más emoción a esta trama: los Mentat, que son capaces de ver en cierta manera el futuro, las Bene Gesserit, que han aprendido a controlar su mente e incluso la de los demás, y el propio Paul, que parece haber adquirido cualidades de ambos grupos. No en vano su madre, Jessica, es una Bene Gesserit. Las constantes alianzas y traiciones dan emoción a la obra, pero lo importante es que el argumento se mantiene fiel a su sencillez.
Dune, con una trama bien urdida y poderosa, sus intrigas, alianzas y traiciones para conseguir el poder, y los elementos de ecología que introduce en la trama, es una obra hipnótica, que atrapa al lector y le depara horas y horas de amena lectura. Además, el genio de Herbert se plasma en una redacción esmerada, casi barroca, que permite disfrutar de una obra de ciencia-ficción como si se tratase de una aventura medieval. La descripción de paisajes, estancias o medios de transporte no es, contra pronóstico, nada futurista, lo que hace la obra más cercana, si cabe, al lector. Y la construcción de los personajes está tan trabajada que mediada la obra estaremos convencidos de conocer personalmente a la mayoría de protagonistas.
Si dais una oportunidad a Dune no os arrepentiréis. Hay que dedicarle atención y horas, pero la obra lo merece. Y si al acabar os quedáis con ganas de más, sabed que Dune inauguró una saga de novelas que Herbert siguió publicando durante años.

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