A veces lo único que se puede decir sobre un libro es que hay que leerlo. Aclaro que cuando en una crítica o reseña literaria leo adjetivos como imprescindible o esencial suelo pasar página inmediatamente. Tampoco es que me gusten esas listas tipo los n libros que hay que leer antes de morir -donde n oscila, generalmente, entre 100 y 1001-. Lo que hoy en día se considera esencial en la literatura suele tener mucho más que ver con las campañas publicitarias de las grandes editoriales que con la calidad literaria de las obras. Pero si vamos a lo que importa, a la literatura y a esas obras clave que cualquier lector vocacional leerá en un momento u otro de su vida, este relato merece estar entre ellas.Bartleby, el escribiente (Herman Melville, Espasa-Calpe) apenas llega a la categoría de novela corta. Se trata de un relato sencillo y muy extraño a la vez. Precisamente en su rareza está la fascinación hipnótica que provoca. El narrador, un abogado de Nueva York, cuenta en primera persona una historia realmente curiosa. Aunque ya tiene empleados a tres escribientes en el despacho, el abogado contrata a un cuarto amanuense, Bartleby, que pronto se muestra como un copista rápido y eficiente, pero que también tiene un extraño comportamiento. Suele ser callado, le gusta permanecer aislado y separado físicamente de los demás. Pero los problemas comienzan cuando se niega a cumplir algunas de las peticiones de su jefe. El abogado, al principio, se sorprende de las pequeñas muestras de insubordinación de Bartleby, pero las deja pasar convencido de que son sólo pequeñas excentricidades. Pero poco a poco la actitud de Bartleby se va convirtiendo en insufrible: hace del despacho su hogar, y se niega a realizar cualquier trabajo que le pida su jefe.
La historia de Bartleby no para de generar interrogantes. ¿Es Bartleby un hombre de férrea voluntad, o de hecho no tiene voluntad alguna? Su actitud, ¿es resistencia, obstinación o apatía? Pero las preguntas que el lector se hace sobre Bartleby, también se las hace sobre su jefe. ¿Por qué el abogado consiente la actitud de Bartleby? ¿Está, él mismo, perdiendo la voluntad, o por el contrario actúa libremente, aunque de manera poco habitual?
Un relato tan sencillo y tan complejo a la vez, que provoca muchas horas de reflexión -mucho más tiempo del necesario para leer el relato-, es lo que yo llamo literatura. Y por eso creo que cualquier persona amante de los libros debería conocer no sólo este relato, sino las consecuencias literarias que ha tenido desde su publicación -a modo de ejemplo, recomiendo la obra de Vila-Matas, Bartleby y compañía-. Si con esto no os he convencido, sólo puedo recurrir a los tópicos, esos tópicos que odio. Así, podría decir que Bartleby, el escribiente, es una obra imprescindible, inexcusable, de lectura obligada... Pero, la verdad, preferiría no hacerlo.

2 comentarios:
Todo un clásico que no deberíamos perdérnoslo. Un grande de la literatura universal.
Bartleby es uno de mis relatos favoritos, y lo seguirá siendo siempre.
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