domingo 14 de marzo de 2010

Ordeno y mando

El peculiar estilo de Amélie Nothomb nos trae en esta ocasión una novela que, aunque tiene tintes realistas, no deja en ningún momento de evocar la fábula y la fantasía. Porque a pesar de que lo que se narra en esta historia podría llegar a ocurrir, la actitud de los personajes se nos antoja tan inverosímil que acaba por imponerse la idea de que la narradora ha forzado al máximo los engranajes de la imaginación, logrando una narración que no es sino una fantasía utilizada como metáfora de la vida, de nuestras vidas.

Ordeno y mando (Anagrama) arranca con un hecho sorprendente y que ya adelanta lo improbable del resto de la narración. Baptiste Bordave, un parisino que lleva una vida monótona y falta de alicientes, recibe en su casa a un extraño que llama a su puerta con urgencia. El desconocido dice haber tenido una avería con su vehículo y le ruega que le permita utilizar el teléfono para llamar al taller. Baptiste le permite hacerlo, sin pensar todavía muy bien en lo extraño de aquella situación. ¿Aquella persona que transita con un coche por las calles de París no dispone de teléfono móvil? O, en cualquier caso, ¿no hay cerca una cabina telefónica desde la que pudiera haber llamado para pedir ayuda? Pero a Baptiste no le da tiempo a hacerse esas preguntas, ya que mientras su atípico huésped está al teléfono, se desploma en el suelo. Cuando Baptiste se acerca a él, comprueba que ha muerto.

Baptiste, en lugar de reaccionar como sería de esperar, llamando a una ambulancia, decide indagar en la personalidad del desconocido. Encuentra su documentación y las llaves de su coche, un caro deportivo. Y el extraño resulta ser Olaf Sildur, un sueco que parece ser rico, muy rico. Y Baptiste siente en ese momento que se le está ofreciendo una oportunidad que no puede desaprovechar. En pocos minutos decide que asumirá la personalidad de aquel hombre que ha muerto en su salón. A partir de hoy será Olaf Sildur, y dejará que aquel cadáver sea descubierto, quizá semanas más tarde, con la esperanza de que crean que corresponde a Baptiste Bordave. Y aunque pueda parecer imposible, Baptiste asume realmente la vida de Olaf. Como Olaf se instala en una imponente mansión situada en Versalles. Y con su nueva personalidad convive con la esposa del verdadero Olaf. Una esposa que, ahora, es viuda sin saberlo.

Ordeno y mando es la historia de una persona a la que su vida le parece vacía, falta de valor. El destino le permite ser otro, y se apresura a aprovechar la oportunidad. Pese a no saber qué se encontrará, pese a parecer casi imposible que su plan funcione, se arriesga para vivir la vida de otro, una vida que le llenará. Y no es que Baptiste se sienta deslumbrado por el dinero, por la personalidad de un millonario que tiene mansiones y deportivos. Baptiste habría obrado igual si en lugar de un millonario hubiera muerto en su salón un indigente. El hecho es que a Baptiste cualquier vida que no sea la suya le debe parecer más interesante, más llena, más digna de ser vivida. Y Baptiste no es una excepción, porque la esposa de Olaf parece asumir este nuevo giro del destino con igual determinación y aceptación. Si Baptiste ha tomado la decisión de ser otro, ella ha visto cómo su rutina se alteraba, cómo su vida cambiaba sin que nadie le preguntase. De repente su marido no está, y en su lugar aparece aquel extraño. Pero la total aceptación de estos hechos parece dejar claro que tampoco ella se sentía bien con su existencia, y que un cambio de vida, casi de personalidad, es lo que más le apetece.

Amélie Nothomb habla en su última obra del sentido de la vida en minúsculas, es decir, el sentido que cada uno le encontramos a nuestra existencia. La falta de motivación, la monotonía, el vivir una vida que no nos satisface, nos hace anhelar otras vidas, otras existencias, aún cuando no sepamos ni remotamente lo que nos podrían deparar. Y, a la vez, Ordeno y mando es un ejercicio de prudente optimismo, porque la novela acaba siendo, si no una historia de amor, sí de un enamoramiento. El cambio en la vida de Baptiste, ahora Olaf, parece darle nuevos alicientes, nuevas ganas de vivir y sentir. Y el amor acaba por surgir en su vida cuando nada hacía presagiar que algo así sucedería.

Nothomb se aparta con su nueva novela de los claros rasgos autobiográficos que suelen impregnar sus obras para ofrecernos una novela de ficción, casi de fantasía, pero que habla de la realidad cotidiana de la insatisfacción y del anhelo de vivir una existencia que se nos antoja más emocionante que la nuestra. Una novela que, sin ser de lo mejor de la autora, merece una lectura que no ocupa más de dos o tres horas.