Los libros pueden ser un divertimento, una evasión, compañía o cultura. Algunos, los buenos, son también una medicina. O un antídoto. La gran trampa de la sociedad actual, donde nos vemos envueltos por redes de datos, prensa, televisión, radio y charlatanes varios, es que nos sentimos tan informados que creemos tener una opinión sólida y bien fundamentada sobre cualquier tema, por peregrino que sea. Creemos saber todo lo que necesitamos saber, creemos tener razón en todo lo que pensamos y, lo peor de todo, pocas veces estamos dispuestos a cambiar de opinión, o a escuchar siquiera la de otro. Por eso, leer un libro como Cuando éramos honrados mercenarios (Arturo Pérez-Reverte, Alfaguara) puede ser un buen antídoto contra el fundamentalismo, y una medicina que ayude a nuestro intelecto a escuchar, razonar y ser lo suficientemente valientes como para plantearnos dudas sobre aquello en que creemos.Es este, si no he perdido la cuenta, el cuarto volumen que recopila artículos de Pérez-Reverte. El conocido autor y periodista lleva más de quince años publicando una columna en un suplemento dominical. Si uno lee sus primeros artículos, recogidos en Patente de corso, encuentra algunas diferencias con los actuales. Se nota un mayor escepticismo, incluso más mala leche. El tiempo parece haber convencido a Pérez-Reverte de que algunos males de nuestra sociedad no van a poder ser erradicados, y eso le lleva a ser más radical e, incluso, lo que algunos llaman maleducado. Pero otras cosas no han cambiado. El autor sigue demostrando que para él no hay colores políticos, etiquetas ideológicas o doctrinas que valgan. Defiende sus ideas como Alatriste, a cara descubierta y con la espada -literaria, se entiende- en ristre. La suya es una opinión coherente e independiente, que no se cobija bajo siglas, logotipos o banderas. Por ello ataca con igual fiereza a políticos de uno y otro color, a nacionalistas de una u otra bandera, o a religiones de uno u otro dios.
Lo fascinante en una recopilación como esta, es que en un artículo uno puede identificarse totalmente con las ideas de Pérez-Reverte, y en el siguiente asombrarse y hasta indignarse ante una opinión absolutamente contraria a la nuestra. El autor reflexiona sobre la historia, la lengua, la literatura, pero también sobre el día a día, sobre la vida cotidiana de un macarra o un currante, sobre las vergüenzas de los políticos, y sobre la estupidez humana. Y dependiendo del tema que toque, uno puede asentir de manera entusiasta o negar con furia. Pero lo que uno no puede hacer,es dejar de leer. Porque aún cuando uno se pueda sentir ofendido -y no es difícil, dada la cantidad y calidad de epítetos que regala el autor-, la coherencia con que defiende su postura hace que se haga necesario seguir escuchando -leyendo, en este caso- con atención. Y es que defender una idea con valentía, sin tapujos, sin miedo a que siente mal, demuestra una integridad que siempre es admirable. Y cuando la sinceridad se alía con la coherencia, facilita el diálogo.
Mención aparte merece la calidad literaria de las páginas de este volumen. Cuando éramos honrados mercenarios es una pieza casi musical. Leer una prosa periodística de parecida calidad no es fácil en nuestros días. Asombra aún más que se pueda encontrar cada semana en un quiosco. La riqueza del léxico, la variedad de estilos, la genialidad incluso a la hora de insultar, y la ironía con que retuerce el lenguaje para convertirlo en un arma bien afilada, hacen de la lectura un placer adictivo. Si alguien tiene aún dudas sobre que un artículo periodístico pueda ser una obra literaria, le invito a que entre en una librería, tome un ejemplar de este libro, y lea el artículo titulado Atraco en Cádiz. Por sí sólo vale más que muchas de las novelas que se publican hoy en día.
El hecho de recopilar cuatro años de artículos en un sólo volumen tiene un efecto negativo, y es que los temas se repiten con demasiada asiduidad. A veces resulta molesta la insistencia del autor en algunas cuestiones. La lengua, el nacionalismo excluyente, el feminismo mal entendido, la desvergüenza de los políticos, son caballos de batalla que aparecen una y otra vez en los artículos de Pérez-Reverte. No hay que olvidar, para conservar la perspectiva, que los artículos que en este libro están a tres páginas de distancia, se publicaban con una semana de diferencia entre uno y otro. El condensarlos aquí puede dar cierta sensación de redundancia, pero también sirve para ver todos los matices que el autor es capaz de encontrar en un mismo tema.
Comparto algunas de las opiniones de Pérez-Reverte. Discrepo en otras muchas. Algunos de sus artículos llegan, incluso, a ofenderme ligeramente. Me da igual. Cuando éramos honrados mercenarios es uno de los libros con los que más he disfrutado últimamente. Y escuchar, de vez en cuando, opiniones que no nos gusten, puede hacernos pensar. Aunque uno no cambie de opinión, se enriquece escuchando a otros. El propio autor me brinda en bandeja el cierre de esta reseña. En su artículo Por qué van a ganar los malos cita esta célebre frase atribuida a Voltaire y que hoy hago mía: "No estoy de acuerdo con lo que usted dice, pero lucharé hasta la muerte para que nadie le impida decirlo".

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