A estas alturas no es ninguna novedad leer una novela de Jaime Bayly con referencias autobiográficas. En mayor o menor medida muchas de sus obras hablan de él, o de un personaje muy similar a él: periodista, presentador de televisión, escritor, viviendo a caballo entre Lima y Miami, entre el amor por las mujeres y los hombres, entre los placeres y las adicciones. La mayoría de sus novelas -desde aquella mítica No se lo digas a nadie, hasta Los amigos que perdí, pasando por la premiada La noche es virgen- presentan situaciones que el propio escritor ha vivido de cerca: la agitada vida nocturna de Lima, los cantos de sirena del sexo fácil y las drogas o las difíciles relaciones con la familia, agravadas por su condición de bisexual que nunca ha ocultado.Entonces, ¿cuál es la novedad? ¿Es El canalla sentimental (Ed. Planeta) otra novela más con tintes autobiográficos? Yo diría que estamos ante la novela más autobiográfica, la más sincera y, quizá, la más madura. Esta vez parece que el autor haya querido escribir algo muy cercano a un diario, o unas memorias. Llamando a su protagonista Jaime Baylys parece dejar claro que esta es su obra más autobiográfica... aunque siempre deje un resquicio a la libertad para imaginar, algo que toda novela debe tener. Las referencias a su vida personal son innumerables: su ex-esposa, sus hijas, sus programas de televisión, sus novelas, sus padres... Todo aparece aquí como en su vida real. Y el encanto de la novela reside, precisamente, en esa tenue línea que separa la realidad de la ficción. El lector se ve tentado a creer que todo lo que lee es realidad. Y quizá sea así, pero quizá no. El autor ha escrito una novela, y aunque hable de sí mismo, de su vida y la de los que le rodean, nunca sabemos cuando está fabulando y cuándo está siendo fiel a la realidad.
La trama, si es que la novela la tiene, es la difícil relación que Jaime tiene con Martín, su novio argentino, y las dificultades de compaginar dicha relación con su trabajo en Miami y con su familia -su ex-mujer y sus hijas-. Jaime soporta los ataques de su ex-suegra, los arrebatos de celos de Martín, las broncas con su mujer y las reprimendas de su madre por su -según ella- escandalosa vida pública. Podría odiarlos a todos, pero los ama... a su manera. Y los escribe, quizá porque es su manera de amarlos. Aunque el propio autor se empeñe en asegurar que, precisamente cuando escribe, es cuando aparece el Jaime Bayly(s) más perverso. Con todo, no penséis que estamos ante una novela triste, de derrota personal y de pesimismo. Todo lo contrario. La narración tiene una enorme carga de ironía, momentos histriónicos y otros conmovedores. Con la misma ambigüedad que se nos anuncia en el título, navegamos entre los sentimientos más tiernos y los arrebatos de odio vengativo que llegan a propiciar momentos de un surrealismo insuperable.
Lo que es incuestionable es que esta novela refleja los cambios que el tiempo han obrado en Jaime Bayly. Al retratar a su alter ego en la novela se nos revela como una persona que no cree poder ganarse la vida como escritor, que realiza un trabajo en la televisión que no le gusta, pero que sigue ejerciendo por el dinero. Su carácter avinagrado, que asume sin presumir de él, el progresivo abandono de sí mismo -engorda, no cuida su aspecto ni su aseo personal, duerme cada vez más-, su indisimulado disgusto ante los fans que van a la caza de su autógrafo, son sólo algunos de los rasgos de su carácter que confiesa sin vergüenza ni arrepentimiento. En definitiva, estamos ante un Jaime Bayly(s) al que los años han convertido en una persona que busca placeres más sosegados y sencillos que en su juventud, que parece buscar cada vez más la soledad, el silencio y el aislamiento.
Quiero pensar que ya conocéis otras obras de Jaime Bayly. Si no es así, la mejor manera de descubrirlo es El canalla sentimental, donde se presenta a sí mismo sin tapujos ni maquillaje. Quizá escandalice a algunos, y tal vez llegue a despertar odio en otros, pero seguro que nadie permanecerá indiferente después de leerle.


