
Ronald Cutler es uno de esos autores que tras pasar toda una vida dedicada a otra profesión -en su caso locutor radiofónico- deciden cambiar de registro y pasarse a la literatura. Así nos llega su primera novela,
El secreto de Cristo (
La Factoría de Ideas), un debut que le ha deparado un gran éxito de ventas en varios países.
Y la verdad es que El secreto de Cristo es una novela que de entrada ya contiene todos los elementos imprescindibles para convertirse en un best-seller. Para empezar, Cutler se ha estrenado con un género que goza de una salud editorial envidiable y que engancha a millones de lectores en todo el mundo: la especulación histórica. Desde que a Dan Brown le dio por esconder cierto secretillo bajo las piedras del Museo del Louvre, las novelas de ficción con trasfondo histórico no han dejado de venderse por millones. El resto de ingredientes para el éxito de esta novela son, por lo tanto, los que corresponden a un thriller histórico: una buena ambientación geográfica, una base importante de hechos históricos, un secreto a punto de ser revelado, intrigas, traiciones, asesinatos y, por supuesto, un romance.
El protagonista, Josh Cohan, realiza un descubrimiento arqueológico de gran importancia en las cercanías de Jerusalén. Lo hace de una manera un tanto casual. En realidad una serie de sueños recurrentes le ha conducido hasta el lugar donde encuentra un manuscrito cuyo autor parece ser el mismísimo Jesucristo. Para intentar autentificar su hallazgo acude a la AAI una entidad israelí dedicada a la conservación y estudio de piezas arqueológicas. Allí Josh conocerá a Danielle, hija del director del grupo de investigación, de la que se enamora rápidamente. Mientras ellos estudian el manuscrito para traducirlo, datarlo e intentar identificar al autor, una secta religiosa conocida como Los Guardianes intentará hacerse con él a toda costa. Y para ello no dudarán en secuestrar y asesinar a cuantas personas se les opongan. Los Guardianes creen que el manuscrito representa una amenaza para sus creencias, y no están dispuestos a que su mensaje llegue al mundo.
En la novela, el manuscrito con el supuesto mensaje de Jesucristo supone realmente una revisión de la historia religiosa de los últimos dos mil años, y pone en entredicho las bases del cristianismo. El autor ha sabido, sin embargo, huir de la provocación o del escándalo. Mientras otros autores similares sucumben a la tentación de crear polémica jugando con elementos tan sensibles como las creencias religiosas, Cutler adopta una postura mucho más prudente, y aunque inventa un supuesto mensaje atribuido a Jesucristo, lo hace con respeto y sensibilidad. Por ello cualquier lector se puede sentir cómodo leyendo esta novela, independientemente de sus creencias.
El ritmo de El secreto de Cristo es trepidante desde el principio. El autor no da tregua, ya que desde el primer capítulo comienza la acción. No hay preámbulos, la novela nos sitúa desde la primera página en el lugar y momento del hallazgo del manuscrito. Cualquier explicación previa, cualquier apunte sobre la historia de los protagonistas, el autor la dosifica y la ofrece en breves apuntes a lo largo de la novela. A esto se unen un par de trucos infalibles para que el lector no se pueda desprender del libro: un uso intensivo de los diálogos y una estructura basada en capítulos muy cortos. Estos detalles provocan que las páginas vayan pasando a una velocidad de vértigo. Tened cuidado, porque cuando os queráis dar cuenta llevaréis varias horas enganchados al libro sin ver el momento de dejarlo. Los constantes secuestros, traiciones y sorpresas hacen que siempre queramos leer un capítulo más. No es fácil encontrar un punto en el que podamos cerrar el libro sin preguntarnos qué pasará después.
La obra es generosa en cuanto a detalles históricos. En este sentido es muy de agradecer una nota final en la que el autor repasa la información ofrecida, separándola en tres categorías: hechos históricos documentados, comúnmente aceptados por la gran mayoría de historiadores, especulaciones del autor o de ciertos historiadores basadas en documentos o información histórica y, finalmente, elementos de ficción. Así, además de gozar de una lectura intensa y emocionante, leyendo El secreto de Cristo obtendréis mucha información histórica acerca de las principales religiones monoteístas. Este es, de hecho, el elemento que más me ha gustado de la novela. Cutler sitúa la acción en Jerusalén, un lugar sagrado para las tres religiones monoteístas más seguidas -cristianismo, judaísmo e islamismo-, y a la vez un lugar sacudido con frecuencia por la violencia integrista, el fanatismo y el odio intercultural. Frente a ello Cutler hace una llamada al respeto, la convivencia y la tolerancia, convencido de que la diferencia de creencias no debe ni puede ser una excusa para la confrontación, y mucho menos para la violencia.
El secreto de Cristo es una lectura agradecida, un libro que atrapa y mantiene el suspense hasta el final, pero que también invita a la reflexión.