viernes 19 de junio de 2009

Lobo gris

La tendencia en el mercado editorial de nuestros días es hacer libros estereotipados. Existen libros al estilo de "El código DaVinci", al estilo de "Los pilares de la tierra", al estilo de "El ocho"... Parece que la industria haya creado unos compartimentos estancos, perfectamente definidos y cualquier libro que no pueda identificarse claramente con uno de ellos no tenga cabida en el mercado. Por eso, cuando empecé a tener datos sobre este libro del que hoy os voy a hablar, me invadió el escepticismo. ¿Una novela que combina ecología y espionaje? ¿Un libro sobre rancheros y agentes de inteligencia? ¿Naturaleza salvaje y complots para derrocar un gobierno en una misma trama? No parecía posible, al menos con un resultado digno. Pero leyendo Lobo gris (James Nava, El tercer nombre) se llega a la convicción de que no hay límites cuando de narrar una historia se trata, que se puede hablar perfectamente de lobos en estado salvaje en una página, y de paramilitares organizando un atentado en la siguiente, y todo ello con coherencia y solución de continuidad.

Lobo gris es uno de esos libros de los que no se puede explicar mucho sin destripar la novela. Ya sabéis que a mi no me gusta hacerlo, por lo que sobre el argumento os contaré pocas cosas. Prácticamente toda la acción transcurre en Wild Creek, una población -ficticia- de Montana, en los Estados Unidos. Jason Rovin, que nació y creció en aquel pueblo de rancheros, vuelve después de varios años llevando consigo un maletín con importantes documentos que podrían desvelar secretos importantes sobre la seguridad nacional. Nada más llegar al pueblo conoce a Catherine Rush, una bióloga que lleva un tiempo allí estudiando una manada de lobos. Al parecer los lobos habían sido eliminados de aquellas tierras años atrás, pero ahora comienzan a aparecer misteriosamente ejemplares de esta especie. Claro que la abundancia de estos animales es una amenaza para la principal actividad del pueblo. Los ranchos -incluyendo el que Jason Rovin comparte con sus hermanos- empiezan a perder cabezas de ganado en los cada vez más frecuentes ataques de los lobos. Pronto Jason se verá atrapado entre su pasión por los lobos -y por ayudar a Catherine- y la presión de los rancheros que exigirán soluciones.

Lo que os he explicado no es más que el principio. Cuando Jason comience a investigar la causa de los cada vez más frecuentes ataques y descubra que, sorprendentemente, la causa indirecta representa un gran peligro para la seguridad de la nación, empezará realmente la acción de esta novela. Intereses económicos y políticos, tramas internacionales, paramilitares de extrema derecha... Todos estos ingredientes y otros más irán apareciendo a lo largo de la trama. Pero lo extraño -y hechizante al mismo tiempo- es que todo ello ocurre en unos paisajes de enorme belleza para los que el autor no escatima descripciones, y siempre alrededor de la vida salvaje de los lobos.

Lobo gris tiene al comienzo el ritmo pausado que exige la contemplación de la naturaleza, un ritmo que va in crescendo a medida que avanza la lectura. Es una novela que rompe con los tópicos, y nos presenta a un militar amante de la naturaleza, defensor a ultranza de la vida salvaje. Todo ello con el suspense y la acción propias de un thriller, pero también con el detalle descriptivo propio del cuaderno de campo de un naturalista. En todo momento queda patente el conocimiento de primera mano del autor sobre los temas que trata.

Pero quizá lo más destacable de esta obra sea su honestidad. El autor huye del tremendismo, de los argumentos enrevesados hasta el infinito, de las trampas. No hay giros inesperados ni engaños. La trama guarda el suspense, pero siempre dentro de la más absoluta sinceridad, sin provocar en ningún momento esa sensación tan incómoda para el lector de que le están tomando el pelo, de que le están explicando una historia que por más esfuerzos que haga, no puede creerse.

Si estáis cansados de estereotipos, de leer novelas que siempre se parecen a otras novelas, leed Lobo gris. No se parece a nada que haya leído. Y creedme: cada vez agradezco más que un libro me sorprenda. Si seguís mi recomendación, creo que también lo agradeceréis.


viernes 5 de junio de 2009

Brasyl

Acaba de publicarse en nuestro país Brasyl (Ian McDonald, La Factoría de Ideas), una obra compleja, profunda, que aprovecha la libertad que da el género de la ciencia-ficción para tratar varios de los temas que siempre han preocupado a este autor. La pobreza, las culturas indígenas o el papel de la mujer en nuestra sociedad son sólo algunas de las temáticas recurrentes en la obra de este autor, y en mayor o menor medida las encontramos todas en esta nueva novela.

La trama de Brasyl pide al lector toda su atención, porque es un inmenso rompecabezas cuyas piezas, aunque al principio parezcan dispersas e inconexas, debemos ir encajando perfectamente para formar un todo armónico, comprensible y muy bien estructurado. Pero repito, deberéis prestar atención al más mínimo detalle, porque es fácil perderse.

La novela sigue tres cursos de acción en lugares y tiempos diferentes. En Río de Janeiro, en el año 2.006 la trama se centra en Marcelina Hoffman, productora de programas de televisión basura, reality-shows que cada vez tienen que ser más morbosos para que sigan interesando al público. En el año 2.032, en São Paulo, el protagonista es Edson de Freitas, un hombre de negocios -no necesariamente limpios- que se dedica a buscar talentos para promocionarlos y ganarse una buena comisión. Y la tercera línea argumental nos lleva al Brasil de 1.732, donde el padre Luis Quinn, un jesuita, llega como admonitor con la misión de devolver a la obediencia a otro jesuita, Diego Gonçalves, que se ha apartado de su orden y amenaza con crear su propio imperio a costa de los indígenas de la amazonia brasileña.

A priori no parece que las tres historias tengan nada en común, hasta que empiezan a suceder cosas extrañas. Marcelina comienza a ser vista en lugares y momentos donde ella no recuerda haber estado. De su cuenta de correo salen mensajes que ella no ha escrito. En definitiva, parece tener un alter ego que está compartiendo o robándole su propia vida. Por otro lado Edson ve cómo asesinan a una mujer de la que se acababa de enamorar. Un tiempo más tarde, cuando aún no ha salido de su conmoción, cree ver -está casi seguro- a esa misma mujer pasando rápidamente junto a él en un vehículo. Y el padre Quinn, experto espadachín, pues antes de ser jesuita había sido militar, se tendrá que enfrentar con un arma nada habitual para él cuando sea atacado por un desconocido con un extraño cuchillo, un filo-q, un arma que en teoría no existiría hasta la década del 2.030. 

A partir de ahí las tres tramas se enredan entre sí creando lazos cada vez más intrincados, dando lugar a una novela de acción y reflexión a la vez, donde los únicos respiros que se toma el autor en el endiablado ritmo de la obra los utiliza para dejar en el aire preguntas acerca de lo que entendemos por realidad. La obra cuestiona, al estilo de otras novelas del género, la existencia, la realidad de un Universo que creemos único. A modo de la clásica Matrix el autor nos propone un juego: la posibilidad de que la realidad que creemos vivir sea sólo un sueño, un recuerdo, una memoria.

Pero la obra no se queda ahí. Como os he comentado al principio McDonald aprovecha esta obra para recordar las diferencias sociales existentes en el Brasil actual. La novela es un espléndido trabajo de divulgación de la cultura y costumbres brasileñas. Desde las culturas indígenas hasta la importancia del fútbol en el Brasil actual, pasando por la capoeira y las favelas. El autor hace un retrato pormenorizado de las señas de identidad de un país de contrastes, con lo que la novela se convierte en un verdadero mosaico de culturas, todas de un mismo país. Por cierto, no está de más advertir que en las últimas páginas encontraréis un glosario de términos muy útil... si no se descubre justo en el momento de terminar la lectura de la novela. Estáis avisados.

Brasyl es una novela que pese a su tamaño y densidad se lee de un tirón. Incluso admite una segunda lectura, que sin duda permite profundizar en los muchos matices y detalles que pueden pasarse por alto la primera vez que se disfruta de ella. Una novela -y un autor- muy recomendables, incluso para los que no gusten de la ciencia-ficción.