sábado 23 de mayo de 2009

Canciones perdidas - Los cuentos ocultos

Por una vez voy a saltarme mis propias normas a la hora de publicar entradas en este blog, y es que hoy os voy a hablar de un libro cuya lectura no recomendaría a nadie; por lo menos a nadie con quien quisiera seguir llevándome bien. Pero como se trata de la quinta y última parte de una serie de la que os he ido hablando durante los últimos meses, creo que es necesario acabar de comentar esta antología de relatos de Orson Scott Card.

Hace más de quince años se publicó en nuestro país Mapas en un espejo, una recopilación de cuentos y relatos de Orson Scott Card, una obra voluminosa y muy variada en cuanto a temática, estilo y calidad. Años más tarde la misma obra apareció en formato de bolsillo, dividida esta vez en cinco tomos. Podéis revisar las entradas que dediqué en su día a los volúmenes 1, 2, 3 y 4. El volumen que cierra la serie es Canciones perdidas - Los cuentos ocultos (Ediciones B), y algo de irónico tiene el título, ya que si el autor o el editor hubieran tenido el acierto de ocultar estos cuentos al público, nada se hubiera perdido.

Es justo hacer algunas excepciones. Los dos primeros relatos son de una calidad muy superior al resto. Tanto es así que de cada uno de ellos desembocó en una novela. El libro se abre con el relato El juego de Ender, que después se convertiría en novela con el mismo título. La novela tuvo una secuela, se convirtió en una tetralogía, y sigue generando continuaciones agónicas. La novela original es excepcional, y la tetralogía es en general de calidad, lo mismo que el cuento. Lo que sucede es que si uno ha leído la novela, el cuento no aporta ninguna novedad, y si no se ha leído la novela, leer el cuento es como leer un resumen en el que se pierde gran parte de la genialidad de la historia.

Algo similar ocurre con el segundo cuento de este libro, El Pájaro Cantor de Mikal, que después se convirtió en la novela Maestro cantor. De nuevo estamos ante un relato excepcional, pero la novela lo supera claramente. Y en tercer lugar encontramos la pieza más curiosa de esta selección. Se trata del poema El aprendiz Alvin y el arado inservible. Se trata de un largo poema que fue el germen de otra serie de novelas: la saga de Alvin Maker. En este caso el problema está en la traducción que, pese a su corrección, es de estilo novelístico, cuando esta obra hubiera merecido un traductor especializado en poesía.

Y hasta aquí lo que se puede destacar de este volumen, porque el resto de los relatos recogidos en él -nueve más- sólo merecen el olvido. Se trata de historias sin ningún calado, con diferentes calidades literarias, desde nulas a pasables. Os confieso que mientras las leía tenía la sensación de estar leyendo esas historias que se incluyen en hojas parroquiales o revistas de apostolado religioso... Sensación que se confirmó al leer las "apostillas" con que el autor cierra el libro. En unas páginas en las que Card explica el origen de cada uno de estos cuentos se confirma que la mayoría de ellos los escribió -bajo seudónimo, por cierto- para una revista religiosa de la comunidad mormona. Seguramente son magníficos para ese tipo de publicaciones, pero bajo mi punto de vista no son aptos para considerarse literatura. Están empapados por la moralina y el sentido del bien y del mal absoluto, y no dejan margen al lector para que saque sus propias conclusiones. Card parece haber olvidado que un autor debe dar en su obra las claves para la reflexión, pero no le corresponde a él decidir, juzgar y sermonear.

Como conclusión, creo que solo deberíais leer este libro si sois auténticos admiradores de Card -yo lo soy, a pesar de este libro-. Únicamente si habéis leído los cuatro tomos anteriores puede ser interesante terminar la serie, aunque sólo sea para constatar que hasta los mejores autores tienen sus tropiezos.

sábado 16 de mayo de 2009

Al sur de la frontera, al oeste del Sol

Algunas veces -pocas-, cuando termino de leer una novela me ataca el deseo de volver a la primera página y comenzar a leer de nuevo la misma historia. Me ocurre con aquellos libros en los que lo importante no es el desenlace sino el camino, en los que prima el sentimiento de cada personaje durante la novela, y no lo que se cuenta al final. Con Murakami me ocurre esto siempre, y aunque reprimo mis deseos de releer sus obras a causa de la larga lista de libros que tengo pendientes, siempre pienso que si volviera a releer cualquiera de sus novelas volvería a disfrutar de ellas como la primera vez.

Al sur de la frontera, al oeste del sol (Haruki Murakami, Tusquets Editores) es una de esas novelas que no requiere ni usa fuegos artificiales. Toda la fuerza de la obra proviene de sus personajes, y de la forma casi osmótica en que el lector siente lo que cada uno de ellos vive en cada página. Murakami sabe administrar los ritmos para que en lugar de leer lo que le ocurre al protagonista vivamos, pensemos y sintamos con él.  

En esta novela el personaje principal es Hajime, al que seguiremos a lo largo de diferentes etapas de su vida. Cuando apenas es un adolescente traba una fuerte amistad con Shimamoto. Comparten edad y la condición de ser hijos únicos, además de gustos e intereses comunes, pero un cambio de residencia de Hajime hará que poco a poco se vayan distanciando hasta perder completamente el contacto, sin haber llegado a dilucidar si entre ellos había una mera amistad o el comienzo de algo más. Hajime va creciendo, va al instituto, luego a la universidad. De joven tiene una novia, Izumi, con la que tiene una relación que parece sólida, pero que acaba de forma traumática -sobre todo para ella-. Años más tarde Hajime se casa, tiene hijos, consigue un trabajo independiente y estable y parece haber encontrado su sitio en la vida.  Pero justo entonces el recuerdo de aquellas dos relaciones de juventud comienza a planear de manera amenazante sobre su vida. Los remordimientos por haber hecho sufrir a Izumi, y el arrepentimiento por haber desaparecido de la vida de Shimamoto irán socavando su seguridad, su aparente felicidad. Mientras que Izumi quedará en un segundo plano durante la novela, Shimamoto irá cobrando protagonismo a partir de su reaparición en la vida de Hajime. Y este comenzará a plantearse si puede desandar el camino que le ha llevado hasta el lugar en que se encuentra. Por momentos se encontrará al borde de abandonarlo todo por su antigua amiga, por un amor que no fue; en definitiva, por un fantasma del pasado.

Murakami crea un personaje en apariencia complejo, pero que seguramente se parece mucho a cualquiera de nosotros. Hajime, en definitiva, sólo se hace una pregunta que seguramente nos hemos hecho muchas veces. ¿Soy feliz? ¿Lo sería aún más si hubiera elegido otro camino? En realidad el autor utiliza las dudas de Hajime para hablarnos de la diferencia entre eso que llamamos felicidad y un sentimiento mucho más satisfactorio, que es el de la plenitud. Más satisfactorio, pero quizá también mucho más difícil de lograr. La maestría a la hora de narrar, hace que este autor genere en el lector las mismas dudas que siente el protagonista de la novela. Las dudas finales, los caminos abiertos a la imaginación del lector, no harán más que abundar en la idea de que nuestras decisiones, aquellas que tomamos creyendo que nos basamos en hechos racionales, pueden a veces estar condicionadas por aquellos fantasmas del pasado que, aunque queramos, no podemos resucitar.

Sin duda os volveré a hablar de Murakami en próximas ocasiones, pero me tomaré mi tiempo. Las historias y personajes de este autor requieren tiempo para la reflexión, para madurar lo leído. Haced la prueba. Puede que después de leer esta novela, os sorprendáis más de una vez pensando en Hajime o Shimamoto como si fueran personas de carne y hueso, y preguntándoos qué fue de ellos realmente. Y esto ocurre porque los personajes de Murakami están vivos y son reales como muy pocos de los que pueblan el panorama literario actual. Aunque algunos de esos personajes sean, como ya he dicho, meros fantasmas.

domingo 10 de mayo de 2009

Sin sangre

He estado dudando sobre la conveniencia de escribir una entrada sobre este libro, una novela corta que más bien parece un cuento largo. El problema es que se trata de un relato tan breve que corro el riesgo de no decir nada o decir demasiado. Fácilmente se podría escribir un post más largo que el propio relato -bien, de acuerdo, aquí he exagerado un poco-, y por otro lado descubrir algo sobre la historia es quitarle parte de su interés. Finalmente he decidido escribir una nota, aunque sea más breve de lo habitual, porque creo que se trata de un libro original que nadie debería perderse.

Sin sangre (Alessandro Baricco, Ed. Anagrama) arranca con un suceso traumático que vive Nina, la pequeña protagonista de la historia. La primera mitad del relato lo ocupa la narración de aquel hecho, que sucedió en apenas unas horas, presentándolo no sólo desde el punto de vista de Nina, sino también de otros implicados. La segunda parte de la historia recupera a Nina muchos años después, perseguida aún por el fantasma de aquel hecho que le marcó para siempre.

Baricco explora en esta historia algunas de las motivaciones más básicas del ser humano. A modo de fábula presenta un retablo de sentimientos. Algunos están totalmente presentes en la protagonista. Otros, quizá, los anhela sin llegar a interiorizarlos. Rencor, deseo de venganza, ira, crueldad, perdón, indiferencia... ¿Qué puede llegar a sentir la víctima de una gran crueldad? ¿Y qué querría sentir?

Leer a Baricco renueva el interés por la lectura. Su literatura es un balón de oxígeno, una bocanada de aire fresco entre tanto estereotipo. Y aunque sus críticos le reprochan su exceso de celo estilístico y su excesiva ingenuidad argumental, a mi se me antoja que logra un prefecto equilibrio entre forma y contenido. Si le dedicáis un par de horas a Sin sangre podréis formaros vuestra propia opinión. Sea cual sea, no habréis perdido el tiempo que le dediquéis a esta pequeña obra de arte.