Suele decirse que El código Da Vinci, de Dan Brown, creó su propio género dentro de la novela. En realidad no fue así, ya que anteriormente ya existían obras pseudo-históricas que mezclan elementos de la historia real con supuestos descubrimientos que arrojan nueva luz a los hechos, todo ello aderezado con una trama de intriga en la que los buenos deben desentrañar las pistas y misterios que encuentren en su camino, mientras que los malos no dudan en hacer lo que sea –preferiblemente matarlos- para evitar que los buenos consigan su objetivo. Lo que no se puede discutir es que la novela de Dan Brown popularizó enormemente este tipo de obras, y que la industria editorial se ha volcado con este género desde entonces.La caja del mal (Martin Langfield, La factoría de ideas) es un ejemplo perfecto de este tipo de literatura. Tiene un elemento histórico de base: la vida de Isaac Newton, famoso científico del siglo XVII. Apunta una hipótesis pseudo-histórica sobre el personaje histórico: con la base real de su dedicación a la alquimia –que ha sido documentada por otros autores e historiadores- supone el descubrimiento real de la piedra filosofal. El papel de los buenos es liderado por Robert Reckliss, que vivirá esta trama como un camino iniciático, y el de los malos por una oscura organización, llamada Iwnw. Pero tiene muchas más cosas que la hacen original y diferente a otras obras del mismo género.
En La caja del mal hay una amenaza latente durante toda la trama. Existe un arma, un artefacto terrible capaz de provocar una devastación sin precedentes. Se trata de una caja del mal, un artefacto que tiene que ver con los supuestos descubrimientos que Newton realizó fruto de sus trabajos en el terreno de la alquimia. Un incendio de su laboratorio habría destruido toda la documentación referente a este hallazgo, pero unos documentos salvados milagrosamente y conservados durante siglos habrían permitido recuperar esos conocimientos que han dado su fruto en un arma capaz de aniquilar millones de vidas de una manera mucho más efectiva que un artefacto atómico. Esta caja del mal se encuentra escondida en algún lugar de Nueva York. En otros puntos de la ciudad se encuentran las siete llaves que son necesarias para ponerla en funcionamiento. Este es el punto de partida para una carrera frenética entre el protagonista de la novela, que deberá seguir una serie de pistas para llegar a las llaves, y los miembros de la Iwnw que intentarán conseguirlas para activar el arma. A Robert le acompañarán y ayudarán otros personajes, como Katherine, su mujer, o Terri, un enigmático personaje que conocerá al inicio de esta epopeya. Uno de los aciertos del autor es la inclusión de Adam, un personaje que Robert y su mujer conocieron en su juventud, y que es un gran amigo de ambos. Adam ha sido abducido por la Iwnw, por lo que durante la novela le veremos debatirse entre su fidelidad a Robert y el irresistible poder que está ejerciendo sobre él la oscura organización. Gracias a este elemento clave la tensión se mantiene página tras página: las acciones de Adam son imprevisibles, y nunca sabemos si van a ayudar a Robert o le van a hacer caer en una trampa.
Otro rasgo característico de La caja del mal es el cuidado que ha tenido Langfield a la hora de crear los antecedentes de la historia. En este tipo de novelas, donde se busca enganchar al lector con una acción trepidante desde la primera página, es de agradecer que el autor asuma el riesgo de dedicar casi cien páginas a una introducción en la que conoceremos el pasado de los personajes implicados, el nacimiento de los vínculos entre ellos y cómo han desembocado en la situación actual. Esta primera parte de la novela evita que los personajes parezcan marionetas vacías de motivaciones, y ofrecen al lector las claves para conocer el porqué de cada acción y cada decisión que toman. Después la acción se desarrollará a un ritmo frenético en la segunda parte de la novela –la más voluminosa- donde cualquier cantidad de páginas nos parecería escasa, ya que la sucesión de pistas, investigaciones, peleas y huidas a ritmo casi cinematográfico hace que el lector devore página tras página a velocidad de vértigo. La tercera y última parte nos llevará al enfrentamiento final entre las dos facciones enfrentadas por el terrible arma.
La caja del mal no defraudará a los amantes de la intriga, lo esotérico, la acción y la ficción especulativa. Para los lectores más activos será emocionante intentar desentrañar los acertijos y enigmas que se van planteando a lo largo de la obra. Las horas de entretenimiento que ofrece esta novela se pueden multiplicar si decidís seguir los pasos del protagonista por la ciudad de Nueva York con planos o servicios como Google Maps. Es evidente el conocimiento que tiene Langfield de la geografía de esta ciudad, y la fascinación que le provoca. Los más pequeños detalles de calles, edificios y monumentos están perfectamente descritos, lo que añade un especial atractivo a la historia.
La caja del mal ha sido la carta de presentación de Langfield en el panorama literario. Es pronto para decir si se convertirá en un autor de culto, pero prometo estar atento y comentaros aquí la aparición de su próxima novela, que ya está preparando, porque su debut me hace augurarle un futuro prometedor.


