
Cuando hablamos de un libro solemos apresurarnos con demasiada frecuencia a catalogarlo dentro de un determinado género: una novela negra, una historia de fantasía, un relato picaresco... Lo cierto es que hay muchas obras que admiten ser etiquetadas de una manera sencilla y simplista. En cambio hay obras que se resisten a encajar en un determinado cliché, y exceden el ámbito de cualquier género en el que las queramos encasillar.
Flaco favor le haríamos a esta brillante novela si tratásemos de catalogarla dentro de un género determinado. Lo cierto es que por sus características se podría hablar de ella como novela de ciencia-ficción. En la novela aparece un muerto que regresa a la vida en un cuerpo resucitado, realidades paralelas, y una base lunar en las que trabajan unas cincuenta personas de manera permanente. También se puede definir como thriller político: personajes subversivos que son amenazados y perseguidos por un poder opresor, omnipresente y dictatorial. Es también una ucronía, un relato con elementos históricos narrados no como sucedieron, sino como podrían haber sucedido en un mundo alternativo: Nixon es presidente de los Estados Unidos, se encuentra en su cuarto mandato, y ha conseguido una gran victoria barriendo Corea del Norte y convirtiendo a los coreanos en leales súbditos americanos.
Ciencia-ficción, drama, ucronía, thriller... Esta novela es todo eso, y sin embargo ninguna de esas etiquetas puede definirla, porque la unión de todos estos elementos hace de esta novela un género propio.
Desgraciadamente Philip K. Dick ha muerto (Michael Bishop, La Factoría de Ideas) comienza presentándonos a sus dos protagonistas principales. Cal Pickford es un vaquero que se ha visto obligado a trabajar en una tienda de mascotas. Cuando lee la noticia de que el famoso escritor Philip K. Dick ha muerto, parte de su mundo se desmorona. Su mujer, Lia Pickford, intenta sacar adelante su recién inaugurada consulta psicológica, sin demasiado éxito. Hasta que un día recibe la visita de un extraño hombre que dice haber perdido la memoria. Este resultará ser Philip K. Dick, que de algún modo ha regresado a la vida... o a un cierto modo de vida.
A partir de aquí iremos conociendo el entorno de los dos personajes principales, y otros personajes relevantes, como el señor Kemmings, dueño de la tienda de mascotas donde trabaja Cal, Lone Boy, un coreano vendedor de libros, o la inquietante Grace Rinehart una famosa actriz esposa del ministro de agricultura.
A medida que la trama va avanzando, conocemos poco a poco la realidad en la que se mueven los personajes. La novela retrata una América dominada por el férreo poder de su presidente, Nixon, que ha conseguido romper el límite constitucional de los dos mandatos y ya va por el cuarto. Los derechos civiles están seriamente recortados y se persigue sin piedad a todo aquel que es considerado subversivo por el estado. En un mundo que recuerda vagamente al de la novela 1984, cualquiera puede ser espiado y condenado por una simple frase desafortunada. Existe una férrea censura. Muchos libros están prohibidos, y circulan versiones manuscritas de mano en mano entre los que se oponen al sistema. La situación no es exacta a la retratada en Fahrenheit 451, pero sin duda se le parece.
No queremos desvelar más detalles. La lectura de esta novela de Bishop es un continuo goteo de sorpresas que van dibujando un panorama desolador. Cuanta más información tenemos, más aterradora es la sociedad que nos muestra el autor.
No hemos citado gratuitamente las obras de Orwell y Bradbury. La de Bishop que os hemos presentado aquí es tan adictiva, profunda y elaborada como aquellas. Al menos a mí se me hicieron muy cortas sus trescientas páginas.
No quiero terminar sin mencionar el hecho de que la novela plantea muchos guiños que sólo entenderán los que conozcan la obra literaria de Philip K. Dick. A sus lectores habituales se les dibujará, sin duda, una sonrisa cuando lean algunos de los títulos que este autor escribe en la realidad alternativa de Bishop. Yubiq o ¿Sueñan los androides con vicepresidentes ambiciosos? son algunos de los títulos de Dick en esta novela. Títulos, por cierto, prohibidos por el gobierno de Nixon (en la ficción).
Sin embargo os aseguro que si este autor os es desconocido, ello no plantea el más mínimo problema para la comprensión de la novela. Seáis o no admiradores de Philip K. Dick, si leéis este libro lo seréis de Bishop.


