jueves 24 de diciembre de 2009

Flashforward (Recuerdos del futuro)

Desde que, hace unos años, leí El cálculo de Dios, me propuse seguir a su autor e intentar leer todo lo que se publicase de él. Como me suele ocurrir, sus libros quedaron una y otra vez en la lista de lecturas pendientes, hasta que supe de la reedición de su novela Recuerdos del futuro, ahora publicada con el título que lleva la adaptación televisiva que se está haciendo de la obra.

Flashforward (Robert J. Sawyer, La Factoría de Ideas) es una novela de ciencia ficción de las que crean afición por el género. Antes de nada quiero aclarar algo. Leer esta novela no os va a destripar la serie, ni va a quitarle interés; no va a revelaros el final de ninguna de las tramas, en parte porque ni los guionistas de la serie saben lo que va a pasar. Y porque, por otro lado, la serie es tan distinta argumentalmente a la novela que apenas existen personajes comunes.

Flashforward comienza en el CERN (Organización Europea para la Investigación Nuclear). Allí, Lloyd Simcoe está a punto de llevar a cabo un experimento con el LHC (Gran Colisionador de Hadrones). Junto a su compañero de investigaciones, Theo, y en presencia de varios colegas, entre ellos Michiko, la mujer con la que Simcoe planea casarse, está a punto de presenciar el momento en que, si tienen éxito, lograrán obtener el largamente perseguido bosón de Higgs. Si logran obtener la preciada partícula, el premio Nobel de Física estaría prácticamente asegurado. Pero justo cuando se inicia el experimento, Simcoe se ve transportado instantáneamente a otro lugar. Sin entender muy bien qué está pasando, se ve a si mismo en una cama, junto a una anciana. Durante aproximadamente dos minutos parece vivir una vida paralela, se ve a sí mismo varios años más viejo, y no parece tener control sobre sus actos. Pasados esos dos minutos se encuentra de nuevo en el CERN. Todos los allí presentes, sin excepción, han sufrido una especie de desmayo, una pérdida de consciencia que les ha hecho caer al suelo. La mayoría ha tenido una especie de sueño o visión de sí mismos en el futuro. La mayoría, pero no todos. Para algunos, aquellos dos minutos han sido un vacío inexplicable en el que no han experimentado nada.

Pocas horas después se conocen las trágicas implicaciones que ese episodio ha tenido a escala mundial. Toda la humanidad ha sufrido el mismo desvanecimiento en el mismo momento, lo que ha provocado millones de accidentes y muertes. También han sido millones los que han tenido esa especie de visión. Es más, los fragmentos del futuro que han vislumbrado diferentes personas, encajan perfectamente entre si, como si realmente todos hubieran visto un mismo futuro. Seguramente, el futuro que les espera a todos dentro de unos años.

Pero para los protagonistas de la novela, el incidente tiene consecuencias directas. Michiko, la pareja de Simcoe, sufre una trágica pérdida en uno de los muchos accidentes que se desencadenan. La relación entre Michiko y Simcoe no parece verse afectada por este hecho, pero la inquietud de Simcoe va en aumento cuando comienza a sospechar que la tragedia podría haber sido provocada por su propio experimento. Además, en su visión del futuro él aparecía compartiendo cama con una mujer que no era Michiko. Todo ello le hará plantearse si es buena idea casarse con ella.

El compañero de Simcoe, Theo, al principio no entenderá por qué él no ha tenido ningún tipo de visión del futuro. Pero pronto descubrirá la razón. Varias personas aseguran haber visto noticias sobre su el asesinato de Theo en sus propias visiones. Desde ese momento la existencia de Theo se centrará en descubrir todo lo posible sobre su futura muerte, el lugar y el momento en que se producirá el crimen, para intentar evitarlo.

La originalidad del argumento está en esta novela al servicio de las reflexiones que el autor realiza sobre la ciencia y la existencia. Por un lado la obra se pregunta dónde debemos poner los límites a la investigación, qué nivel de riesgo debemos atrevernos a asumir, y dónde debe estar el límite que no debemos traspasar. En este ámbito, la gran pregunta de Sawyer es, ¿realmente necesitamos investigarlo todo, saberlo todo, encontrar todas las respuestas? Por otro lado, la novela se plantea una cuestión mucho más filosófica, que seguramente todos nos hemos planteado alguna vez. ¿Somos dueños de nuestros destinos? ¿Tenemos, realmente, libre albedrío? ¿Están escritas nuestras vidas, o podemos cambiar nuestro porvenir? Las magníficas páginas que dedica el autor a estas cuestiones, incluyendo las teorías físicas más actuales sobre el concepto de tiempo, dan a la novela un plano trascendente que no todas las obras de ciencia ficción logran.

Como ya he aclarado, la serie de televisión basada en esta novela guarda pocas semejanzas con esta. La obra de Robert J. Sawyer parte de unas premisas claras, tiene un desarrollo lógico y sin trampas. Eso no quiere decir que no tenga emoción, suspense y sorpresas. Pero se agradece un desarrollo que siga el sentido común. La intriga se hace más intensa en la segunda mitad de la novela. La tensión por el desenlace de las diferentes historias planteadas hace que sea prácticamente imposible hacer una pausa en las últimas 150 páginas del libro. El estilo narrativo de Sawyer permite al lector situarse al lado de cada protagonista, verse en su misma situación, y sentir lo mismo que él siente. Esa característica, la de imprimir -paradójicamente- un realismo casi fotográfico a una narración de ciencia ficción, es para mi lo que distingue a Sawyer como un auténtico novelista de calidad.

Si no sois lectores habituales de ciencia ficción y os animáis a leer Flashforward, descubriréis que no todas las obras de este género son tópicas y predecibles. Originalidad, interés y calidad no están reñidas ni en este ni en ningún otro género, y esta novela es buena prueba de ello. Como dije al principio, Flashforward crea afición por las novelas de ciencia ficción. Es una lástima que pocas tengan su misma calidad.