viernes 5 de junio de 2009

Brasyl

Acaba de publicarse en nuestro país Brasyl (Ian McDonald, La Factoría de Ideas), una obra compleja, profunda, que aprovecha la libertad que da el género de la ciencia-ficción para tratar varios de los temas que siempre han preocupado a este autor. La pobreza, las culturas indígenas o el papel de la mujer en nuestra sociedad son sólo algunas de las temáticas recurrentes en la obra de este autor, y en mayor o menor medida las encontramos todas en esta nueva novela.

La trama de Brasyl pide al lector toda su atención, porque es un inmenso rompecabezas cuyas piezas, aunque al principio parezcan dispersas e inconexas, debemos ir encajando perfectamente para formar un todo armónico, comprensible y muy bien estructurado. Pero repito, deberéis prestar atención al más mínimo detalle, porque es fácil perderse.

La novela sigue tres cursos de acción en lugares y tiempos diferentes. En Río de Janeiro, en el año 2.006 la trama se centra en Marcelina Hoffman, productora de programas de televisión basura, reality-shows que cada vez tienen que ser más morbosos para que sigan interesando al público. En el año 2.032, en São Paulo, el protagonista es Edson de Freitas, un hombre de negocios -no necesariamente limpios- que se dedica a buscar talentos para promocionarlos y ganarse una buena comisión. Y la tercera línea argumental nos lleva al Brasil de 1.732, donde el padre Luis Quinn, un jesuita, llega como admonitor con la misión de devolver a la obediencia a otro jesuita, Diego Gonçalves, que se ha apartado de su orden y amenaza con crear su propio imperio a costa de los indígenas de la amazonia brasileña.

A priori no parece que las tres historias tengan nada en común, hasta que empiezan a suceder cosas extrañas. Marcelina comienza a ser vista en lugares y momentos donde ella no recuerda haber estado. De su cuenta de correo salen mensajes que ella no ha escrito. En definitiva, parece tener un alter ego que está compartiendo o robándole su propia vida. Por otro lado Edson ve cómo asesinan a una mujer de la que se acababa de enamorar. Un tiempo más tarde, cuando aún no ha salido de su conmoción, cree ver -está casi seguro- a esa misma mujer pasando rápidamente junto a él en un vehículo. Y el padre Quinn, experto espadachín, pues antes de ser jesuita había sido militar, se tendrá que enfrentar con un arma nada habitual para él cuando sea atacado por un desconocido con un extraño cuchillo, un filo-q, un arma que en teoría no existiría hasta la década del 2.030. 

A partir de ahí las tres tramas se enredan entre sí creando lazos cada vez más intrincados, dando lugar a una novela de acción y reflexión a la vez, donde los únicos respiros que se toma el autor en el endiablado ritmo de la obra los utiliza para dejar en el aire preguntas acerca de lo que entendemos por realidad. La obra cuestiona, al estilo de otras novelas del género, la existencia, la realidad de un Universo que creemos único. A modo de la clásica Matrix el autor nos propone un juego: la posibilidad de que la realidad que creemos vivir sea sólo un sueño, un recuerdo, una memoria.

Pero la obra no se queda ahí. Como os he comentado al principio McDonald aprovecha esta obra para recordar las diferencias sociales existentes en el Brasil actual. La novela es un espléndido trabajo de divulgación de la cultura y costumbres brasileñas. Desde las culturas indígenas hasta la importancia del fútbol en el Brasil actual, pasando por la capoeira y las favelas. El autor hace un retrato pormenorizado de las señas de identidad de un país de contrastes, con lo que la novela se convierte en un verdadero mosaico de culturas, todas de un mismo país. Por cierto, no está de más advertir que en las últimas páginas encontraréis un glosario de términos muy útil... si no se descubre justo en el momento de terminar la lectura de la novela. Estáis avisados.

Brasyl es una novela que pese a su tamaño y densidad se lee de un tirón. Incluso admite una segunda lectura, que sin duda permite profundizar en los muchos matices y detalles que pueden pasarse por alto la primera vez que se disfruta de ella. Una novela -y un autor- muy recomendables, incluso para los que no gusten de la ciencia-ficción.

3 comentarios:

Helen Maran dijo...

Siguiendo tu relato dan ganas de leerla, buen post, te felicito,feliz fin de semana y te saludo desde israel a brasil, tengo familia en Curituba.

Anónimo dijo...

me acabo de leer el libro por vuestra recomendacion y me ha gustado bastante.
me gustaria saber si hay otros libros de este autor parecidos o de otros autores que tambien hablen de diferentes epocas del futuro y el pasado
por cierto, ultimamente no puedo entrar con mi cuenta openid (soy krrsco) y tengo que publicar comentarios como anonimo. a ver si podeis arreglarlo

Atónito dijo...

Helen: gracias por tus comentarios, espero que disfrutes con las lecturas que voy proponiendo. Si algún día te apetece dejar en el blog alguna recomendación literaria será bienvenida.

Krrsco: gracias también por tus comentarios. Cuando comencé a leer este libro, vi cierto paralelismo con Criptonomicon, una voluminosa novela de Neal Stephenson. No tiene mucho que ver con la trama, pero también se sitúa en diferentes momentos de la historia y cuenta historias cruzadas en el tiempo. Si te ha gustado Brasyl, creo que también te gustará Criptonomicon.