sábado 16 de mayo de 2009

Al sur de la frontera, al oeste del Sol

Algunas veces -pocas-, cuando termino de leer una novela me ataca el deseo de volver a la primera página y comenzar a leer de nuevo la misma historia. Me ocurre con aquellos libros en los que lo importante no es el desenlace sino el camino, en los que prima el sentimiento de cada personaje durante la novela, y no lo que se cuenta al final. Con Murakami me ocurre esto siempre, y aunque reprimo mis deseos de releer sus obras a causa de la larga lista de libros que tengo pendientes, siempre pienso que si volviera a releer cualquiera de sus novelas volvería a disfrutar de ellas como la primera vez.

Al sur de la frontera, al oeste del sol (Haruki Murakami, Tusquets Editores) es una de esas novelas que no requiere ni usa fuegos artificiales. Toda la fuerza de la obra proviene de sus personajes, y de la forma casi osmótica en que el lector siente lo que cada uno de ellos vive en cada página. Murakami sabe administrar los ritmos para que en lugar de leer lo que le ocurre al protagonista vivamos, pensemos y sintamos con él.  

En esta novela el personaje principal es Hajime, al que seguiremos a lo largo de diferentes etapas de su vida. Cuando apenas es un adolescente traba una fuerte amistad con Shimamoto. Comparten edad y la condición de ser hijos únicos, además de gustos e intereses comunes, pero un cambio de residencia de Hajime hará que poco a poco se vayan distanciando hasta perder completamente el contacto, sin haber llegado a dilucidar si entre ellos había una mera amistad o el comienzo de algo más. Hajime va creciendo, va al instituto, luego a la universidad. De joven tiene una novia, Izumi, con la que tiene una relación que parece sólida, pero que acaba de forma traumática -sobre todo para ella-. Años más tarde Hajime se casa, tiene hijos, consigue un trabajo independiente y estable y parece haber encontrado su sitio en la vida.  Pero justo entonces el recuerdo de aquellas dos relaciones de juventud comienza a planear de manera amenazante sobre su vida. Los remordimientos por haber hecho sufrir a Izumi, y el arrepentimiento por haber desaparecido de la vida de Shimamoto irán socavando su seguridad, su aparente felicidad. Mientras que Izumi quedará en un segundo plano durante la novela, Shimamoto irá cobrando protagonismo a partir de su reaparición en la vida de Hajime. Y este comenzará a plantearse si puede desandar el camino que le ha llevado hasta el lugar en que se encuentra. Por momentos se encontrará al borde de abandonarlo todo por su antigua amiga, por un amor que no fue; en definitiva, por un fantasma del pasado.

Murakami crea un personaje en apariencia complejo, pero que seguramente se parece mucho a cualquiera de nosotros. Hajime, en definitiva, sólo se hace una pregunta que seguramente nos hemos hecho muchas veces. ¿Soy feliz? ¿Lo sería aún más si hubiera elegido otro camino? En realidad el autor utiliza las dudas de Hajime para hablarnos de la diferencia entre eso que llamamos felicidad y un sentimiento mucho más satisfactorio, que es el de la plenitud. Más satisfactorio, pero quizá también mucho más difícil de lograr. La maestría a la hora de narrar, hace que este autor genere en el lector las mismas dudas que siente el protagonista de la novela. Las dudas finales, los caminos abiertos a la imaginación del lector, no harán más que abundar en la idea de que nuestras decisiones, aquellas que tomamos creyendo que nos basamos en hechos racionales, pueden a veces estar condicionadas por aquellos fantasmas del pasado que, aunque queramos, no podemos resucitar.

Sin duda os volveré a hablar de Murakami en próximas ocasiones, pero me tomaré mi tiempo. Las historias y personajes de este autor requieren tiempo para la reflexión, para madurar lo leído. Haced la prueba. Puede que después de leer esta novela, os sorprendáis más de una vez pensando en Hajime o Shimamoto como si fueran personas de carne y hueso, y preguntándoos qué fue de ellos realmente. Y esto ocurre porque los personajes de Murakami están vivos y son reales como muy pocos de los que pueblan el panorama literario actual. Aunque algunos de esos personajes sean, como ya he dicho, meros fantasmas.

3 comentarios:

Jim dijo...

Hola,
Dime una dirección de e-mail donde escribirte. Tengo una información que quizá te interese incluir en tu blog.
Mi correo: janaru@gmail.com

Un saludo.

pablo_pontverges dijo...
El autor ha eliminado esta entrada.
pablo_pontverges dijo...

Sensaciones parecidas!
Si bien no soy hijo único, sino todo lo contrario, eso fue una de las pocas cosas que me diferenció de Hajime. Después diría que fue un relejo casi fiel de mi vida (Y creo que de la de muchos más) relatando los "miedos" que tenemos (a perder, a sufrir, a ser felices) e indagando sobre nuestra vida, ir hacia el oeste del sol (nuestra naturaleza errante) o al sur de la frontera (nuestros origenes). La verdad es que me gustó, me pareció un libro ameno para leer, me hizo preguntarme muchas cosas (y pensar otras que me han pasado en la vida y no he sacado provecho de ello).
Como no identificarse con éste personaje, tan cobarde cuando debe actuar y tan valiente cuando ya es demasiado tarde! Un típico ganador que se las sabe todas, pero al enfrentar la realidad es el clásico perdedor! Puede tener algún relato predecible y sobrante (la escena final de amor que no agrega mucho) pero a pesar de ello no empaña lo bueno que es el autor escribiendo.