En esta séptima entrega de la saga de Mundodisco el autor vuelve a construir una historia fantástica con su peculiar humor y una mordacidad que no conoce límites. A los que no conozcáis esta serie, os remito a los comentarios que publiqué anteriormente sobre los volúmenes precedentes: Rechicero y Brujerías. Quienes ya seáis asiduos a la saga, no os llevaréis ninguna sorpresa con Pirómides (Terry Pratchett, Random House Mondadori). O mejor dicho: puede que os llevéis una agradable sorpresa. Sería impensable que un libro de Mundodisco dejase de lado la magia, la hechicería, y todo aquello que ha definido siempre la saga. De hecho en Pirómides aparecen estos elementos, pero de una manera secundaria, de manera que la saga parece tomar un nuevo camino. Pero en cuanto a fina ironía, situaciones absurdamente divertidas y crítica despiadada de la sociedad actual, esta novela es una digna continuadora de la serie.
En esta ocasión la acción se sitúa en Djelibeibi, un reino de Mundodisco regido por el faraón Tepiccamón XXVII y que se encuentra en una difícil situación. A las difíciles condiciones de vida que impone el clima desértico, se une una ruina económica provocada por milenios de estancamiento tecnológico, unido al importante derroche que supone el mantenimiento de las pirámides que son orgullo de la nación. En este trasunto de Egipto, el joven heredero Teppic decide que debe ayudar a la economía familiar. Para ello cree lo más conveniente viajar hasta la ciudad de Ankh-Morpork -algo así como la capital del planeta- para estudiar e intentar ingresar en el selecto Gremio de Asesinos. Al fin y al cabo la profesión de asesino está, en este loco mundo, bien valorada y mejor pagada. Pero poco después de aprobar con éxito su examen, Teppic recibirá una mala noticia: su padre, el faraón, ha muerto.
Teppic se verá obligado a regresar a su reino, y allí comenzarán a asaltarle dudas de todo tipo. ¿Debe seguir derrochando un dinero que no tiene en mantener las tradiciones de su reino? ¿Debe continuar gastando en pirámides, embalsamamientos y ceremonias rituales? ¿O, por el contrario, debería introducir cambios radicales en su estilo de vida y centrarse en mejorar las condiciones de vida de sus súbditos, comenzando con algo tan básico como la fontanería? Al principio sus tímidos intentos de cambiar las cosas no darán frutos, pero un hecho inesperado le obligará a ser un poco más decidido a la hora de tomar decisiones.
No es la primera vez que Pratchett utiliza su saga de Mundodisco para hablar de tradiciones en general y de religión en particular. Pero en Pirómides se dedica casi exclusivamente a estos dos temas. Con una ironía que no hace más que subrayar lo evidente, Pratchett nos hace ver cómo en nombre de las tradiciones podemos estar dispuestos a rechazar avances científicos y tecnológicos, o a gastar sumas increíbles de dinero en perpetuar ritos ancestrales. Leer Pirómides provoca en el lector -sea cual sea su ideología- un estremecimiento al ver en el libro un reflejo de la sociedad en la que vivimos. El libro es una metáfora magnífica de las consecuencias funestas a las que puede llevar el cualquier integrismo, y es además una magnífica lectura que proporciona horas de placer y sonrisas.
Si no conocéis Mundodisco, lo ideal sería que comenzaseis a leer la saga desde su primera entrega: El color de la magia. Pero dadas las características de la serie, no tendréis ninguna dificultad si os decidís a conocer este fantástico mundo comenzando por Pirómides. He leído muchas obras de este autor, pero hasta ahora no creo haber leído nada mejor que esta novela que hoy os comento. No sólo la devoré en apenas cuatro días, sino que se ha quedado instalada en mi cabeza y me obliga a volver sobre ella una y otra vez. Los buenos libros son así: tozudos y persistentes.

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