viernes 17 de abril de 2009

Fantasmas de papel

De vez en cuando uno se topa con un libro diferente. Quizá no engancha como otros libros de éxito, tal vez es más difícil de leer, puede que reclame más atención que otros, pero definitivamente es diferente. Y mejor. Eso es lo que me ha pasado con este libro de Somoza. No es un libro sencillo -o sea, facilón-, y requiere participación activa del lector, pero su lectura me ha resultado tan gratificante que me veo obligado a convenceros de sus bondades. Porque tengo claro que es, también, uno de esos libros que corre el peligro de ser abandonado a las pocas páginas por los lectores pusilánimes o perezosos. Pero os aseguro que merece la pena seguirlo hasta el final.

Fantasmas de papel  (José Carlos Somoza, Random House Mondadori) es un libro que recopila catorce relatos de difícil clasificación. No hay un género común, aunque predomina la introspección, la búsqueda de las motivaciones, miedos y frustraciones del género humano, todo ello cubierto por un fino barniz de surrealismo. Son historias en apariencia banales, pero que encierran laberintos psicológicos difíciles de recorrer. Si tuviera que aventurarme a clasificar la mayoría de los relatos, hablaría de historias de terror. Pero no me malinterpretéis: no hablo el terror de monstruos, asesinos o catástrofes, sino de un terror cotidiano, familiar, que proviene de atisbar la verdad de que hay en cada uno de nosotros.

Los relatos de este volumen están agrupados en tres bloques. El primero de ellos lo componen cuatro historias protagonizadas por el doctor Palomares. Este médico, ya jubilado y que sufre una ceguera total, sigue siendo consultado por amigos y conocidos. Pero sus diagnósticos van más allá del cuerpo del paciente. Tal vez a causa de su ceguera, Palomares ve más allá de lo somático, y diagnostica -lo que no significa que pueda sanar- los males que aquejan la psique, el alma, o como queramos llamar a la consciencia que habita en el cuerpo del paciente.

El segundo bloque reune siete historias sin aparente relación entre ellas. Es en estas donde encontramos la muestra más clara de un surrealismo que no deja de aparecer en el resto de historias. estaca en este aspecto el relato Carta a Frank Kafka, un auténtico prodigio tanto por el uso literario del lenguaje, remedo de la jerga burocrática más rancia, como por la ironía con que se nos presenta una petición, en apariencia, un tanto absurda.

Los tres relatos con los que se cierra el volumen son tres historias enlazadas, con aspectos y personajes comunes, sobre tres misteriosas desapariciones. De nuevo, no hay que tomar el concepto de desaparición en su literalidad. Una persona puede desaparecer físicamente, o permanecer ausente mientras sigue rodeado de los suyos.

Lamento no poder daros más detalles sobre cada relato concreto, pero sería un crimen explicaros cada una de las historias. Es en su lectura, personal, interpretativa, donde cada uno debe encontrar el significado individual de la historia. Seguramente lectores diferentes interpretarán estos cuentos de maneras distintas, lo que constituye otro motivo más para considerar este libro como una muy recomendable lectura.

Si queréis experimentar algo novedoso, fresco, diferente, si estáis cansados de la literatura de supermercado, la obra de Somoza seguro que os sorprende. Dadle una oportunidad y no os arrepentiréis.

1 comentarios:

fresita dijo...

yo quiero literatura nueva...