El libro del que os quiero hablar hoy lo encontraréis en las librerías en esas estanterías que suelen tener un cartel que indica "Terror" o "Terror y fantasía". Aunque tanto el título como el autor nos puedan llevar a esperar precisamente eso, historias de puro terror, la verdad es que se trata de un libro mucho más complejo.Fantasmas (Joe Hill, Suma de letras) es el título, a mi juicio muy desafortunado, con el que se ha traducido al castellano este conjunto de relatos, el primer libro completo que publicó su autor, después de unos años ofreciendo cuentos y relatos sueltos en revistas y recopilaciones. El título original -2oth Century Ghosts- pierde su amplitud semántica, y algún guiño curioso en el anodino y genérico título elegido para presentarlo al público en lengua castellana. En nuestro país el primer libro que se publicó de Joe Hill fue El traje del muerto, una novela sobre el fantasma de un hombre que acompañaba a uno de sus trajes, vendido a través de internet. Se trataba claramente de una novela clasificable en el género del terror de ultratumba y por lo tanto para muchos lectores el primer contacto con la obra de Hill recordaba demasiado a las obras de su padre (Stephen King) y no creó grandes expectativas. Pero en los relatos de Hill, se intuye el complejo caleidoscopio en el que puede llegar a convertirse la obra de este joven escritor.
Los relatos que se reunen en este volumen hablan, es cierto, casi siempre de fantasmas. Pero sólo unos pocos de los dieciséis que componen la obra tratan de esos fantasmas que vuelven desde más allá de la muerte. Relatos como Un fantasma del siglo XX o Último aliento son de ese tipo en el que personas que han muerto se resisten a abandonar este mundo. También entra dentro de esta categoría el cuento con el que se cierra el libro -La máquina de escribir de Sherezade-, que además es una pequeña travesura del autor. Hay otros relatos, sin embargo, que sin dejar de tratar temas sobrenaturales, se alejan de las presencias fantasmales, aunque sigan dentro de los ámbitos del terror. Desde relatos de corte clásico, como El teléfono negro, a otros más fantásticos, como Reclusión voluntaria, Hill trabaja el terror desde muchas vertientes. Uno de sus relatos más logrados bajo mi punto de vista es Hijos de Abraham, un cuento en el que el terror que produce la amenaza de los vampiros es superado ampliamente por el que un padre fanático puede producir en sus hijos. En otro de los cuentos -Oirás cantar a la langosta- el autor, además de homenajear a Kafka, crea un ambiente de terror no tanto por la presencia de un insecto de tamaño descomunal, como por hacer aflorar de un joven adolescente un potencial asesino en serie. Y es que Hill esconde en muchos de sus relatos el verdadero foco de los miedos y las angustias de los protagonistas. Los enmascara hábilmente bajo un tópico (vampiros, fantasmas, seres imposibles) que pronto se desmonta, para hacernos ver que en el fondo el terror más puro siempre surge de lo que las personas reales, de carne y hueso, pueden llegar a hacer en su cotidianidad.
Hay otros relatos en el volumen que alejándose totalmente del género del terror, conservan algún elemento de fantasía. De especial belleza es La ley de la gravedad, una fábula tierna y triste. En otros casos los relatos son absolutamente realistas. Se trata de narraciones que hablan de los fantasmas del pasado, esos recuerdos que nos persiguen a lo largo de nuestra vida, y que a veces pueden ser más inquietantes que un espectro, como en el caso de Bobby Conroy regresa de entre los muertos, que pese al título sólo narra el reencuentro de dos personas que años atrás mantuvieron una relación sentimental y que coinciden casualmente en el rodaje de una película.
Fantasmas es un libro irregular. Las antologías de relatos suelen serlo, ya que reunen material muy diverso, escrito en diferentes épocas de la vida de un autor. En este, junto a relatos interesantes y realmente cautivadores, hay otros no tan logrados. Pero precisamente por la variedad de temas y registros que muestra el autor, es una buena obra para conocerle y, sobre todo, empezar a fantasear con lo que puede ser una larga carrera de un escritor que inevitablemente será tanto mejor considerado cuanto menos se parezcan sus obras a las de su padre.
Yo personalmente espero poder disfrutar de muchas novelas de Joe Hill en el futuro. Y espero también que muchas de ellas no sean historias de terror.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada