sábado 7 de febrero de 2009

Las luces de septiembre

Antes de que Carlos Ruiz Zafón alcanzase fama mundial y un éxito de ventas sin precedentes con La sombra del viento ya había publicado otras cuatro novelas, todas ellas dirigidas al público juvenil. En realidad marcar una frontera clara entre libros para adultos y libros para jóvenes (lo he comentado ya en otras ocasiones) parece difícil. Así, si en esas cuatro novelas la mayoría de los personajes son niños o adolescentes, también es un niño el personaje principal de La sombra del viento. Entonces, ¿por qué esta última no se considera una novela juvenil? Quizá porque en ella los elementos fantásticos y los seres sobrenaturales no tienen, ni mucho menos, el protagonismo que alcanzan en libros como Las luces de septiembre (Ed. Planeta).

El caso es que aquellas cuatro novelas (sobre todo las tres primeras), pasaron casi desapercibidas en su época por el gran público, pese a que ya con la primera, El príncipe de la niebla, su autor ganó el premio Edebé de literatura juvenil. Gracias a sus recientes éxitos de ventas, la reediciones de sus primeras novelas han proliferado, por lo que es muy sencillo conseguirlas en la actualidad.

Las luces de septiembre narra la historia de una familia que, tras la muerte del padre, se ve obligada a abandonar su hogar y viajar a la costa normanda, donde Simone, la madre, ha conseguido un trabajo como ama de llaves en la mansión Cravenmoore. Su dueño, Lazarus Jann, es un inventor y fabricante de juguetes que hará las delicias de Dorian e Irene, hijos de Simone, con sus artilugios y autómatas fantásticos. Al principio la familia se integra fácilmente en su nuevo hogar. Irene se hace amiga de Hanna, que también trabaja en la mansión, y conoce a Ismael, del que se enamorará rápidamente. Pero pronto una fuerza desconocida comenzará a desequilibrar la vida de todos los protagonistas.

Esta obra tiene todos los ingredientes que se le piden a las obras juveniles tradicionales: aventuras, misterios, seres sobrenaturales, y hasta un romance juvenil. Es, sin duda, una obra gótica, como todas las del autor, envuelta en una atmósfera lúgubre cercana a las de las novelas de terror, y en ocasiones se adentra en ese género, aunque se trate sobre todo de una novela de fantasía.

Es indudable que los lectores jóvenes disfrutarán de esta novela, pero no menos interesante puede ser para el lector adulto que conserve en su interior algo del niño que fue una vez.

2 comentarios:

noviembre dijo...

Yo he leído las dos "súper novelas" La Sombra del Viento y El juego del ángel y me parecen casi idénticas. Y también leí Marina (literatura juvenil) y me recuerda mucho a esta descripción que haces... con lo que me parece que siempre escribe lo mismo. Creo que le cogí manía porque le vi en una entrevista y se creyó un ser superior que no leía críticas "para no contaminarse"...
Un saludo

Atónito dijo...

Mi experiencia con este autor ha sido muy irregular. Comencé leyendo "La sombra del viento". Me gustó y se me hizo ameno. Seguí con sus dos primeras novelas para público joven. Eran distintas, y pensé que no me acababn de gustar porque no estaban destinadas a adultos. Pero con "Las luces de septiembre" empecé a tener sensación de repetición, sensación que confirmé con "Marina".
Ahora no me atrevo con "El juego del ángel" por miedo al aburrimiento.

Saludos.