viernes 13 de febrero de 2009

Forasteros

Aunque las obras teatrales encuentran su razón de ser en los escenarios, y se escriben para ser vistas por el público, su lectura es, a veces, la única manera en que podemos acercarnos a una de estas piezas. Cuando una obra teatral ya no está en cartel, leerla nos servirá, si no para sentir las mismas sensaciones que en un teatro, sí para apreciar su calidad y el mensaje que el autor intenta transmitir con ella. Y cuando la obra tiene no sólo el prestigio, sino el valor literario y humano que tiene esta, su lectura es casi imprescindible.

Forasteros (Sergi Belbel, Ed. Ñaque) es una obra compleja en la que la familia, el tiempo y las diferencias culturales son las protagonistas. Como en otras obras del autor, las relaciones familiares son la base de la obra. Pero estas relaciones las veremos desde dos perspectivas temporales. En la década de los 60 conoceremos a una mujer enferma, a su marido y a sus dos hijos. El abuelo completa esta familia medio burguesa que ocupa un piso sobre el que se ha instalado una familia inmigrante. La grave enfermedad de la madre catalizará la acción de este periodo. Pero a la vez conoceremos a esta saga familiar en pleno siglo XXI, donde los hijos que conocíamos son ahora los padres de sendos hijos, el padre es el abuelo, y de nuevo en el piso de arriba encontraremos un grupo de forasteros. Una vez más una grave enfermedad, esta vez de la hija, será el centro del drama. Y esta vez la presencia forastera no quedará limitada a los vecinos. En la casa conviven con una asistenta de otro país, que acaba formando parte inseparable de su historia.

Los cambios de una a otra época son continuos en la obra, y se van sucediendo cada vez con mayor frecuencia, hasta que parece no haber una separación clara entre las dos épocas en que transcurre la acción. Ello permite al autor realizar un juego de espejos donde los personajes se ven y se reconocen en otros, o en ellos mismos en otra época. Esta es una de las sensaciones que, aunque en el libro se puedan intuir, más impacta al ver la obra representada: el mismo actor que representa a un padre, cambia en instantes de registro y pasa a ser su hijo, cuarenta años después. Estos sucesivos cambios de interpretación acaban percibiéndose como un hecho casi mágico, dando la impresión de que los actores realmente desaparecen, apareciendo en su lugar otros que les sustituyen en un instante.

Forasteros habla de relaciones familiares, y también de cómo percibimos a los extraños, a los forasteros que vienen a vivir junto a nosotros. Pero a mi parecer, en la obra de Belbel es más importante la visión que tenemos de nosotros mismos. Los personajes, es evidente, se juzgan a sí mismos, revisan su vida e intentan proyectar sus conclusiones sobre los que le rodean. Los hijos no entienden a los padres, pero los padres no sólo entienden a los hijos, sino que se reconocen en ellos, lo cual les causa, quizá, el mayor de los sufrimientos. A todos les cuesta admitir lo que sienten, ante los demás y ante ellos mismos. Desde el hijo que no se atreve a demostrar cariño a su madre, hasta el que no se decide a hacer patente su condición de homosexual, pasando por el hijo que envía su padre al asilo de manera temporal, aunque tanto el padre como el hijo sepan que lo "temporal" de la situación no es más que una mentira piadosa: más piadosa, incluso, para quien la dice que para su destinatario.

Sergi Belbel ha triunfado en escenarios de varios continentes con sus obras. Algunas, como la que hoy os comento, han sido llevadas al cine. Si leéis Forasteros tendréis una idea del porqué de su éxito, pero no habréis visto más que un pedacito del lienzo que es su obra. Para conocer bien a Belbel es imprescindible leer Morir, Caricias, Después de la lluvia... Seguro que os hablaré de alguna de ellas en el futuro. De momento os animo a que leáis Forasteros, una obra que leeréis en menos de dos horas, y que os dará para pensar muchas más.

2 comentarios:

krrsco dijo...

alguien sabe si esta es la obra por la que echaron a una profesora el año pasado y porque?

Atónito dijo...

Sí, una profesora de una escuela de teatro fue expedientada por ensayar esta obra con sus alumnos adolescentes. El motivo del expediente fueron las frases subidas de tono que se decían en la obra (algunos insultos, y palabras malsonantes). Los responsables del teatro creyeron que unos adolescentes no debían ensayar una obra en la que se utilizasen ese tipo de expresiones.