A veces para una persona la diferencia entre sentirse sola y estar sola puede consistir únicamente en tomar la decisión consciente de romper con todo aquello que, pese a acompañarla cotidianamente, la hace sentirse aislada del mundo. Para Elena, la protagonista de La soledad era esto (Juan José Millás, Ediciones Destino) el sentimiento de soledad que lleva años sufriendo se agudiza con la muerte de su madre. Y no tanto por su pérdida, sino por un hecho que le permitirá conocer mejor a esa mujer. Elena encontrará unos cuadernos que su madre llevaba escribiendo durante años, y gracias a ellos entenderá mejor no sólo la vida de ésta, sino también la suya propia. No es que Elena esté sola en el mundo. Vive con su marido, tiene una hermana y un hermano, y una hija de veinte años ya independizada. Pero se siente sola. Quizá al principio de la novela ni ella misma lo sabe, pero su malestar físico, sus cólicos y mareos constantes, parecen una somatización del profundo malestar que le produce su sentimiento de soledad. Una soledad que la protagonista sobrellevaba hasta ahora, no sabemos muy bien cómo, quizá con la ayuda de la bebida y los porros que frecuentemente consume.
La muerte de su madre y la lectura de sus diarios hará que Elena tome conciencia poco a poco de su realidad. Comenzará contratando a un detective privado para que investigue a su marido, de quien sospecha infidelidad. Pero pronto se dará cuenta de que el investigador puede serle de mucha más ayuda si, en lugar de explicarle quién es su marido y cómo se comporta, le da informes detallados sobre ella misma. Quizá así llegue a conocerse realmente.
Los hermana de Elena vive en otra ciudad. Su hermano, pese a la cercanía física, es una presencia poco frecuente. Su marido, que fue un joven idealista de izquierdas pero que la vida parece haber convertido en un burgués, está frecuentemente de viaje. La relación con su hija es tensa. Poco a poco Elena se da cuenta de que su sentimiento de soledad tiene una razón muy sencilla: su compañía, las personas que tiene más cerca, no le pueden brindar lo que ella necesita. Y así Elena iniciará su metamorfosis, un cambio interior que se verá reflejado también en el exterior. No será una transformación sencilla, habrá progresos notables pero también retrocesos desesperanzadores. Su estado físico irá reflejando fielmente su evolución, alternando mejoras espectaculares con fuertes recaídas. Pero Elena irá confirmando claramente la idea de que debe cambiar profundamente su vida si quiere que esta tenga algún sentido.
Millás no sólo nos habla en esta breve novela de soledad. También trata de ilusiones perdidas, o abandonadas conscientemente en favor de las comodidades y los lujos. De relaciones de conveniencia, o de sentimientos que, pese a que algún día fueron sinceros, con el tiempo son mera apariencia. El autor da una nueva muestra de su manera habitual de narrar: un relato íntimo que no escatima ni esconde la realidad, por cruda o triste que pueda parecer.
La soledad era esto (y otras obras del autor, como Laura y Julio) tendrá un claro efecto en aquellos de vosotros que nunca antes hayáis leído una obra de Juan José Millás. La próxima vez que vayáis a una librería, buscaréis más obras del mismo autor, y seguramente saldréis de allí con alguna bajo el brazo.

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