sábado 6 de diciembre de 2008

El ladrón de chicles

Douglas Coupland es un autor poco convencional. Lo es en su vida, ya que además de escritor es artista plastico, diseñador y actor, pero también en su obra. Sus novelas suelen estar ambientadas en entornos de trabajo, casi siempre monótonos y agobiantes, y su tratamiento mezcla a partes iguales humor, ironía y desesperación. Su anterior novela, jPod, ha sido trasladada con cierto éxito a una serie de televisión, lo que nos da una idea de lo que podemos esperar de sus novelas. No son, ciertamente, ejercicios de estilo literario incomparables, ni tienen una profundidad temática abrumadora. Pero siempre entretienen, hasta enganchan, y aunque de manera poco ortodoxa, suelen tener un trasfondo humano que intenta y consigue hablar de la soledad, la decadencia de nuestra sociedad, el alienamiento humano en las oficinas y, en definitiva, los sueños inalcanzados de todos nosotros.

El ladrón de chicles (El Aleph Editores), se une a ese estilo de novela de entorno laboral, siguiendo la estela de jPod o su famosa obra Microsiervos (novela, por cierto, que necesita una urgente reedición en castellano). La historia se ambienta en un gran almacen donde se vende material de oficina. Roger y Bethany, dos de los empleados, apenas se hablan. Sólo tienen en común un cierto descontento con sus vidas y sus empleos. Pero un diario que escribe Roger y que Bethany comenzará a leer por casualidad, les unirá mucho más de lo que habrían imaginado. El diario se convierte en un medio de comunicación entre ellos con el que pueden expresar sus frustaciones y esperanzas. Poco a poco se irán conociendo, y a la vez nosotros conoceremos a los protagonistas.

Roger es un cuarentón al que los empleos no le duran más que unos meses. Está divorciado, y no parece haber encontrado su sitio en el mundo. Al parecer, lo único en lo que Roger ha conseguido perseverar es una novela que está escribiendo, y que a lo largo del libro podremos leer de manera fragmentada. Bethany es una veinteañera de estética gótica, enamorada de Johnny Depp y de la muerte. El diario de Roger, y su novela, le permitirán abrir poco a poco su corazón y mostrar sus sentimientos, que hasta entonces había reservado para sí.

La obra no tiene mucho más, pero es suficiente para ofrecer unas horas de buena lectura. La novela dentro de la novela, la obra de Roger, es quizá la parte más brillante, con ligeros toques surrealistas que tienen un cierto aroma de ¿Quién teme a Viginia Wolf?. Pese a que sólo conozcamos a los protagonistas por fragmentos de diario, cartas y correos electrónicos, el autor tiene la habilidad de conseguir con esos medios una creación de personajes robusta y creíble. Sus reflexiones se harán nuestras con mucha facilidad, y será inevitable que, aunque sea un instante, nos replanteemos si la vida que nos hemos construido (familia, amigos, trabajo...) realmente nos satisface.

Seguramente no estamos ante la obra más relevante de Coupland, pero mientras sus seguidores esperan la reedición de Microsiervos (no me importa hacerme pesado en este tema), pueden ir haciendo boca con El ladrón de chicles.