viernes 28 de noviembre de 2008

Tokio blues

Imaginad que tras un viaje en avión, durante el aterrizaje, suena de fondo una vieja canción que marcó vuestra adolescencia y juventud. Los recuerdos despiertan de pronto y recorréis mentalmente los años en que conocisteis a vuestro mejor amigo o amiga, os alejasteis de la infancia para entrar en el incierto mundo de los adultos, tuvisteis vuestra primera pareja y empezasteis a caminar solos por el mundo. Imaginad que vuestro nombre es Watanabe, que tenéis treinta y siete años, que estáis aterrizando en Hamburgo y que la música que os ha sacudido la memoria es la canción Norwegian Wood, de los Beatles. Entonces estaréis en la primera página de esta excepcional novela.

Tokio Blues (Haruki Murakami, Tusquets Editores) tiene como título original Norwegian wood, el mismo que la canción que desencadena todo un torrente de recuerdos que el protagonista nos narra en primera persona desde la cabina del avión. Es, en cierta manera, la narración de un viaje iniciático: el que todo adolescente debe recorrer a través de su juventud hasta alcanzar la condición de adulto. Pero es también una epopeya que habla de amistad y soledad, de lo difícil que es para un joven encontrar su lugar en el mundo y encontrarse a sí mismo. Watanabe nos explica, desde su visión de adulto, cómo vivió su infancia y adolescencia, y qué significaron para él las personas que más cerca tuvo aquellos años: Kizuki, su mejor amigo; Naoko, la novia de éste; Midori, una amiga que conoció en la universidad; Nagasawa, Reiko,Tropa-de-asalto...

Quizá lo más sorprendente de esta novela sea que personajes que están rodeados de amigos, familiares, novios y novias, se sientan tan solos, y transmitan esa desoladora sensación de soledad al lector de una forma tan magnífica, sincera y directa. Seguir el relato de Watanabe es tan fácil y adictivo como acompañar a Holden Caulfield en la inmortal obra de Salinger. Los puntos en común entre las dos novelas abundan: la narración en primera persona, el sentimiento de soledad de los protagonistas, o la referencia explicita a las primeras experiencias sexuales son características de ambas novelas. Quizá la de Murakami sea más adulta, más sosegada, y menos provocadora. Pero Watanabe se convierte en un personaje inolvidable como lo fue Caulfield.

El hecho de que varios de los personajes de Tokio blues compartan un mismo destino, y de que en todos ellos se pueda destacar su sensación de vivir una existencia aislada y solitaria podría llevar a una conclusión equivocada. La vida de las grandes ciudades japonesas nos parece, desde nuestra ignorante lejanía, fría, mecánica y abocada al individualismo. Podríamos pensar que la vida en Japón, y la manera de sentir de sus habitantes, no tiene nada que ver con nuestra cultura latina. Pero no hay en toda la novela de Murakami nada que no pudiese enmarcarse en nuestro país. La historia de Watanabe podría ser perfectamente la de cualquier chico de provincias que se marcha a Madrid o Barcelona para estudiar una carrera universitaria. En este sentido, Tokio blues no es una novela japonesa, sino universal. Más allá de algun detalle cultural aislado, o de las inevitables referencias gastronómicas, la obra no tiene fronteras. Y eso nos lleva a la conclusión de que, tal vez, nosotros y nuestros adolescentes también suframos la soledad más de lo que estaríamos dispuestos a admitir.

Tokio blues es un libro que, sin duda, releeré dentro de un tiempo. No es algo que haga habitualmente, pero existen unas pocas novelas que me dejan una huella tan profunda que debo revisitarlas al cabo de unos años. Sobra decir que os la recomiendo efusivamente. Si sois reticentes a leer autores orientales, o no lo habéis hecho nunca, esta novela os ayudará a ver que, más allá de la lengua o la nacionalidad del autor, no hay una literatura japonesa, como no hay una literatura española o india. La literatura habla de la condición humana, y dicha condición es universal. Leyendo a Murakami os sentiréis tan identificados como podríais estarlo con la creación de un autor de vuestra misma ciudad. 

Las casi cuatrocientas páginas de esta novela son un alarde de brevedad en la obra de Murakami, pues sus obras suelen ser bastante más voluminosas. Si todas tienen la calidad de Tokio blues, no se habrá malgastado el papel en que han sido impresas.