¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (Philip K. Dick, Edhasa) es una novela corta de ciencia ficción, y seguramente la obra más conocida de su autor. Su trama encierra reflexiones que pueden llevarnos desde las preguntas más básicas sobre la diferencia de clases, la esclavitud o la xenofobia, hasta plantemientos filosóficos acerca de lo que nos define como seres humanos. Los hechos se desarrollan en un futuro post-nuclear. De hecho para nosotros la acción se sitúa en el pasado, en 1.992, pero debe tenerse en cuenta que esta obra se publicó en 1.968. Tras una guerra a escala mundial, la Tierra ha quedado prácticamente sin vida. Algunas personas siguen viviendo en ella, pero la mayoría se han trasladado a colonias fuera del planeta. El polvo radiactivo ha hecho difícil la supervivencia, por lo que también los animales son escasos. Una nueva religión, el mercerismo, ha hecho de ellos un bien codiciable, un elemento indispensable para seguir el camino de la Ascensión y fundirse con Mercer, el creador de aquel culto. No poseer un animal se considera vergonzoso. Por eso, quienes no pueden permitirse uno de verdad, se conforman con uno eléctrico, un modelo prácticamente indistinguible de un animal real. Si bien su dueño nunca se sentirá satisfecho con él, al menos podrá guardar las apariencias.
Ese es el contexto en el que vive Rick Deckard, un cazador de bonificaciones angustiado por poseer una oveja eléctrica, en lugar de un animal de verdad. Los cazadores de bonificaciones son agentes que se encargan de retirar androides de la circulación. Los androides se han hecho prácticamente indistinguibles de los seres humanos, y son un elemento indispensable para los colonos. De hecho, a toda persona que accede a dejar la Tierra para vivir en una colonia se le entrega un androide para que realice las tareas que su dueño le encomiende. Algo muy parecido a un esclavo. Pero algunos de estos androides huyen de sus amos y se atreven a viajar hasta la Tierra, haciéndose pasar por seres humanos. Ellos son las presas para los cazadores como Deckard. Él será el encargado de encontrar a un andrillo especialmente peligroso que a punto ha estado de acabar con la vida de otro cazador de bonificaciones. Esa búsqueda se ampliará a un grupo de androides que pertenecen a un nuevo modelo tan avanzado que pone en duda la validez de los tests que se utilizan para diferenciar androides y humanos.
La novela plantea en muy pocas páginas muchos problemas éticos, con muchos matices. Es imposible dejar de hacerse preguntas mientras se avanza en la lectura. En el mundo de Deckard no sólo los androides están condenados. Los seres humanos que no pasan un test de coeficiente intelectual también son apartados de casi todas las oportunidades, como si pertenecieran a una casta inferior. ¿Cuáles son las diferencias entre humanos con más inteligencia o menos? ¿Y entre humanos y androides, cuando estos últimos apenas pueden distinguirse de los primeros? ¿Por qué tenemos el poder de negar a unos un tipo de vida, y a otros la mera existencia? El protagonista de esta novela se hará algunas de estas preguntas a lo largo del relato. Un relato que se lee de un tirón, gracias a que sabe envolver perfectamente las cuestiones morales con un argumento interesante y un buen ritmo narrativo.
Philip K. Dick ayudó con esta novela a definir el subgénero del cyberpunk. El autor no llegó a ver la película de Ridley Scott, ya que murió meses antes de su estreno. Quizá se hubiera llevado un disgusto de haberla visto, y no por la calidad de la película, que ya se ha convertido por derecho propio en un icono del cine de ciencia-ficción, sino por las enormes diferencias (y omisiones) con respecto a su novela.
Quienes no hayáis visto a Harrison Ford encarnando a Rick Deckard, tenéis la suerte de poder leer esta obra sin ninguna imagen preconcebida de lo que vais a encontrar. Y los que ya hayáis visto la película, no tendréis la sensación de estar leyendo la misma historia.

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