¿Tiene sentido amar y cuidar de un hijo, cuando el mundo en el que se vive parece carecer de todo futuro y toda esperanza?
Esta inquietante pregunta puede surgir en nuestra cabeza apenas comenzada la lectura de La carretera (Cormac McCarthy, Random House Mondadori). El protagonista de esta novela recorre un país desolado, quemado, arrasado. En este escenario apocalíptico su fuerza para seguir adelante es cuidar de su hijo. Pero al mismo tiempo está decidido a matarlo si es necesario. Porque si se encuentran con otras personas supervivientes de la hecatombe, probablemente quieran comerse al niño, o violarlo, o ambas cosas. En ese caso sería mejor una muerte rápida. ¿Por qué cuidar de él, entonces? ¿Por qué no acabar ya con todo?
El estilo sombrío de esta novela, su prosa fragmentada (aunque rica en matices), sus diálogos cortos, telegráficos, hacen que nuestro ánimo, al leerla, sea tan oscuro como el ambiente en el que tienen que sobrevivir los protagonistas de La carretera. A medida que transcurre la lectura vamos perdiendo las esperanzas, como le pasa a este padre que se siente impotente ante el sufrimiento de su hijo.
Y, pese a todo ello, es imposible dejar de leer. En mi caso, los tres días que me llevó la lectura de La carretera se me hicieron interminables. Quería ver a dónde llevaría esa carretera, qué destino aguardaba a los protagonistas. Quería, sobre todo, saber si había una respuesta a la pregunta con la que he iniciado este post.
Si la pregunta tiene o no respuesta en la novela, es algo que deberéis descubrir vosotros mismos leyéndola. Daos ese placer. La carretera se lee fácilmente, aunque conmueve y hace reflexionar sobre la esperanza y el futuro. Os animo a acercaros a este libro, y no sólo por los premios que la novela y su autor han recibido, sino porque será para vosotros un premio, un regalo, si sois apasionados de la literatura brillante.
sábado 12 de julio de 2008
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