Aunque es un recién llegado a nuestro país, ya que esta es la primera vez que se traduce una novela suya al castellano, Scott Mariani ha publicado ya cinco novelas con gran éxito en Gran Bretaña, todas con el mismo protagonista. Su especialidad es la novela de intriga histórica, con todos los elementos que han hecho de este género un éxito de ventas en los últimos años. Un misterio histórico, una investigación compleja, un personaje que carga con todo el peso de la trama, y un grupo de malvados que intentan por todos los medios liquidarlo, son los principales ingredientes.Benedict Hope es el héroe de El secreto del alquimista (La Factoría de Ideas), del que al comienzo sabemos muy poco. Los detalles que se van obteniendo a medida que avanza la novela configuran un personaje duro, con un pasado militar y que arrastra un importante complejo de culpa por un hecho que sucedió en su adolescencia. Desde que abandonó las fuerzas armadas es una especie de soldado de fortuna que se dedica a una peculiar ocupación: rescatar niños secuestrados.
Ben recibe un encargo de un viejo millonario, un trabajo que en principio no tiene mucho que ver con su actividad habitual: descubrir a un personaje del cual sólo se conoce su apodo, Fulcanelli, y que quizá ni siquiera sigue vivo. En todo acaso lo que le interesa a Sebastian Fairfax, que es quien desea contratar a Ben, es un manuscrito obra del enigmático Fulcanelli. Cuando Ben rechaza el trabajo, argumentando que no es ese el tipo de casos que resuelve, Fairfax le sorprende con una curiosa revelación. Según el magnate, el objetivo final del encargo es salvar a Ruth, su nieta, enferma de cáncer. Fairfax parece estar seguro de que el manuscrito encierra un secreto capaz de sanar a su nieta, de manera que el trabajo para el que se le requiere se ajusta totalmente a lo que es habitual en Ben: salvar la vida de un niño. En esas condiciones, obviamente, éste acepta el encargo.
La investigación para dar con el manuscrito de Fulcanelli lleva a Ben a Francia. Allí intenta contactar con todo tipo de personas que puedan darle detalles sobre ese personaje, un alquimista que desapareció sin dejar rastro en 1926. La investigación entronca con la tradición cátara, de la cual el autor hace un resumen histórico breve pero exacto. En su misión Ben apenas cuenta con aliados: un viejo profesor de Oxford y una bióloga estadounidense afincada en París. Posteriormente se encuentra con otras personas que ocasionalmente le echarán una mano, pero también con varios personajes que intentarán que no logre su cometido. Al parecer, un grupo llamado La Espada de Dios, con vínculos con la jerarquía eclesiástica, está interesado en hacerse con el famoso manuscrito, o al menos en que Ben no pueda dar con él.
El ritmo de la novela, como suele ocurrir en este género, es frenético. Se suceden sin respiro viajes, revelaciones sorprendentes, robos, asesinatos y persecuciones de lo más variopinto. No El pasado de Ben no le ayuda en absoluto a mantenerse en el anonimato, y pronto se verá en busca y captura por la policía francesa. No faltan tampoco algunos conatos de romance, aunque la acción no le deja demasiado espacio. El personaje de la bióloga Roberta Ryder acompaña a Ben durante buena parte de la novela, lo que da pie a ciertos pasajes donde la acción queda aparcada durante unos párrafos, dejando el protagonismo a los sentimientos.
Pero El secreto del alquimista es, por encima de todo un thriller en toda regla, una novela que atrapa y se hace leer en dos o tres días –resulta imposible no leer un capítulo más, y otro, y otro-. Pero además de ser una obra que funciona perfectamente como novela de acción, deja al lector un cierto deseo por saber más sobre la alquimia y sobre los cátaros. Quienes no conozcan las veleidades alquímicas que tuvieron científicos de prestigio como Isaac Newton –y que han sido tratadas profusamente, entre otros, por Neal Stephenson- seguramente se sientan movidos a investigar algo más sobre el tema. Capítulo aparte merece la historia de los cátaros y la guerra de exterminio que les declaró el Vaticano en la edad media, sin duda otro tema interesante para cualquier lector curioso.
Como suele ocurrir con este tipo de novelas, el acierto requiere de las dosis justas de historia, ficción, misterio y acción. Scott Mariani no parece tener ningún problema en medir la dosis justa de cada ingrediente. Lo suyo es alquimia pura aplicada a la novela. Y el resultado final, aunque no sea el elixir de la vida eterna, os hará pasar unas buenas horas de lectura.






