miércoles 30 de junio de 2010

El secreto del alquimista

Aunque es un recién llegado a nuestro país, ya que esta es la primera vez que se traduce una novela suya al castellano, Scott Mariani ha publicado ya cinco novelas con gran éxito en Gran Bretaña, todas con el mismo protagonista. Su especialidad es la novela de intriga histórica, con todos los elementos que han hecho de este género un éxito de ventas en los últimos años. Un misterio histórico, una investigación compleja, un personaje que carga con todo el peso de la trama, y un grupo de malvados que intentan por todos los medios liquidarlo, son los principales ingredientes.

Benedict Hope es el héroe de El secreto del alquimista (La Factoría de Ideas), del que al comienzo sabemos muy poco. Los detalles que se van obteniendo a medida que avanza la novela configuran un personaje duro, con un pasado militar y que arrastra un importante complejo de culpa por un hecho que sucedió en su adolescencia. Desde que abandonó las fuerzas armadas es una especie de soldado de fortuna que se dedica a una peculiar ocupación: rescatar niños secuestrados.

Ben recibe un encargo de un viejo millonario, un trabajo que en principio no tiene mucho que ver con su actividad habitual: descubrir a un personaje del cual sólo se conoce su apodo, Fulcanelli, y que quizá ni siquiera sigue vivo. En todo acaso lo que le interesa a Sebastian Fairfax, que es quien desea contratar a Ben, es un manuscrito obra del enigmático Fulcanelli. Cuando Ben rechaza el trabajo, argumentando que no es ese el tipo de casos que resuelve, Fairfax le sorprende con una curiosa revelación. Según el magnate, el objetivo final del encargo es salvar a Ruth, su nieta, enferma de cáncer. Fairfax parece estar seguro de que el manuscrito encierra un secreto capaz de sanar a su nieta, de manera que el trabajo para el que se le requiere se ajusta totalmente a lo que es habitual en Ben: salvar la vida de un niño. En esas condiciones, obviamente, éste acepta el encargo.

La investigación para dar con el manuscrito de Fulcanelli lleva a Ben a Francia. Allí intenta contactar con todo tipo de personas que puedan darle detalles sobre ese personaje, un alquimista que desapareció sin dejar rastro en 1926. La investigación entronca con la tradición cátara, de la cual el autor hace un resumen histórico breve pero exacto. En su misión Ben apenas cuenta con aliados: un viejo profesor de Oxford y una bióloga estadounidense afincada en París. Posteriormente se encuentra con otras personas que ocasionalmente le echarán una mano, pero también con varios personajes que intentarán que no logre su cometido. Al parecer, un grupo llamado La Espada de Dios, con vínculos con la jerarquía eclesiástica, está interesado en hacerse con el famoso manuscrito, o al menos en que Ben no pueda dar con él.

El ritmo de la novela, como suele ocurrir en este género, es frenético. Se suceden sin respiro viajes, revelaciones sorprendentes, robos, asesinatos y persecuciones de lo más variopinto. No El pasado de Ben no le ayuda en absoluto a mantenerse en el anonimato, y pronto se verá en busca y captura por la policía francesa. No faltan tampoco algunos conatos de romance, aunque la acción no le deja demasiado espacio. El personaje de la bióloga Roberta Ryder acompaña a Ben durante buena parte de la novela, lo que da pie a ciertos pasajes donde la acción queda aparcada durante unos párrafos, dejando el protagonismo a los sentimientos.

Pero El secreto del alquimista es, por encima de todo un thriller en toda regla, una novela que atrapa y se hace leer en dos o tres días –resulta imposible no leer un capítulo más, y otro, y otro-. Pero además de ser una obra que funciona perfectamente como novela de acción, deja al lector un cierto deseo por saber más sobre la alquimia y sobre los cátaros. Quienes no conozcan las veleidades alquímicas que tuvieron científicos de prestigio como Isaac Newton –y que han sido tratadas profusamente, entre otros, por Neal Stephenson- seguramente se sientan movidos a investigar algo más sobre el tema. Capítulo aparte merece la historia de los cátaros y la guerra de exterminio que les declaró el Vaticano en la edad media, sin duda otro tema interesante para cualquier lector curioso.

Como suele ocurrir con este tipo de novelas, el acierto requiere de las dosis justas de historia, ficción, misterio y acción. Scott Mariani no parece tener ningún problema en medir la dosis justa de cada ingrediente. Lo suyo es alquimia pura aplicada a la novela. Y el resultado final, aunque no sea el elixir de la vida eterna, os hará pasar unas buenas horas de lectura.

domingo 6 de junio de 2010

Ender en el exilio

Importante: en esta reseña se dan detalles y se revelan hechos fundamentales de los libros anteriores de la Saga de Ender. Si no los habéis leído, tenéis pensado hacerlo, y no queréis que os desvelen información, mejor aparcad la lectura de esta entrada durante un tiempo. Disfrutad, en todo caso, del vídeo promocional del cómic de El juego de Ender, pero no paséis de ahí.




Antes de entrar a analizar el libro de hoy, es obligado hacer una pequeña introducción para los que no conozcan la saga de Ender, o la obra de Orson Scott Card en general. En 1978 este autor publicó un relato -hay quienes lo catalogan como novela corta- titulado El juego de Ender (os hablé de él hace unos meses en esta entrada). La obra le valió un premio al mejor autor novel, y en 1985 volvió a publicar la misma historia aumentada y corregida, ahora ya como novela, pero con el mismo título. El juego de Ender se convirtió en una de las obras de ciencia-ficción más premiadas, más leídas y con mejores críticas. La historia narra la vida de un niño que con seis años de edad es apartado de su familia y obligado a entrar en la Escuela de Batalla, donde debe aprender estrategia bélica y prepararse para participar en la guerra que la Humanidad mantiene contra una raza alienígena, los insectores. Pese a que Ender siempre creyó estar trabajando en simuladores de batalla, lo cierto es que todas las órdenes que daba eran ejecutadas realmente. Cuando Ender descubre que ha participado en una guerra real, que muchos hombres han muerto cumpliendo sus órdenes y que la especie insectora ha sido aniquilada, queda traumatizado para siempre.

El éxito de la novela llevó a su autor a continuar la historia de Ender, ya como adulto, en tres novelas más que forman lo que se conoce como la Saga de Ender. Posteriomente publicó otras cuatro novelas -que forman la saga de la Sombra- donde el protagonista es Bean, un compañero de Ender en la Escuela de Batalla. El primer volumen de esta nueva saga volvía a narrar los hechos tratados en El juego de Ender, pero desde la perspectiva de Bean. Los tres siguientes narraban los conflictos políticos y bélicos de las decadas posteriores. En ellos tiene un gran protagonismo Peter, hermano de Ender y que se convierte en el Hegemon, lider absoluto del poder político y militar en la Tierra.

Pese a la existencia de ocho volúmenes dedicados a la historia de Ender y sus compañeros, los incondicionales de Orson Scott Card echaban de menos conocer con detalle la vida de Ender desde que abandona la Escuela de Batalla en el primer volumen hasta que aparece ya como adulto y miembro de un movimiento pseudo-religioso -algo así como una religión para los que no creen en ningún Dios- que promueve valores éticos, morales y sociales. Pues ese es el espacio que ocupa Ender en el exilio. O más bien el espacio que comienza a ocupar, ya que después de leer esta nueva novela, da la impresión de que puede ser el inicio de otra mini-saga. En este volumen se retoma la historia de Ender justo después del fin de la guerra contra los insectores. Ender se ha convertido en héroe de la humanidad tras haber exterminado a la raza alienígena. Pero precisamente por eso se ha convertido en un gran problema. Debe abandonar la Escuela de Batalla, pues la guerra ha terminado, pero si volviera a la tierra podrá convertirse en un arma de incalculable valor para cualquier gobierno o grupo que consiguiera controlarlo. Hyrum Graff, que fue el responsable de la formación de Ender, sólo encuentra una salida: enviarlo en una de las naves de colonización que se lanzan al espacio, para que ejerza como gobernador en una nueva colonia. Pero en el viaje le surgirá un competidor. El comandante de la nave en la que ha embarcado no piensa permitir que un adolescente sea gobernador de una colonia, y durante el viaje moverá los hilos para colocarse a sí mismo en posición de ostentar ese cargo.

Ender aparece en esta novela como un adolescente de gran inteligencia, pero torturado por haber cometido un hecho monstruoso: exterminar a toda una especie. De poco sirven las palabras de los que le rodean y que intentan consolarle con argumentos razonables. Fue una guerra, los insectores estaban atacando la Tierra, y lo que hizo Ender fue defender a la humanidad. Pero aún así, el sentimiento de culpa le impide encontrar la paz. Si Ender acepta viajar a un nuevo planeta no es por afán de poder. No le interesa demasiado ser gobernador. Su verdadera motivación radica en el hecho de que los planetas que se están colonizando habían sido ocupados antes por los insectores. Ender tiene la esperanza de poder estudiar a la especie a la que aniquiló gracias a las huellas dejadas por la civilización insectora en el planeta. No puede evitar pensar en que derrotó con demasiada facilidad a una especie muy inteligente y con gran experiencia bélica. En cierto modo se pregunta si los insectores se dejaron aniquilar voluntariamente.

Si el enlace con la saga original es evidente, no menos importante es la relación con la saga de la Sombra. Algunos de sus protagonistas reaparecen aquí, como Virlomi, la líder india que tras su fracaso en la Tierra viaja también como gobernadora a una nueva colonia. Especial importancia cobra -sobre todo al final de la novela- el personaje de Randall Firth, quien viaja en la misma nave que Virlomi. Randall es, según su madre, hijo de Achilles el Grande, y busca venganza por el asesinato de este a manos de Bean.

Ender en el exilio retoma el estilo original de El juego de Ender. La narración se basa casi exclusivamente en un juego estratégico de voluntades. Ender es un experto manipulador, y su guerra se libra en el terreno de las ideas, de los gestos y de las palabras. Siempre tiene un plan preparado para conseguir sus objetivos, y siempre hay una razón oculta para su comportamiento. El estilo narrativo, con abundantes diálogos, hace la obra tan amena y ligera como la primera entrega de la saga, lejos del estilo algo más alambicado de la saga de la Sombra.

Una serie que ya lleva nueve volúmenes publicados -y que parece que no acabará aquí- difícilmente puede mantener constante su nivel de calidad e interés. Es cierto que las últimas entregas no llegaron a convencer ni a critica ni a público tanto como la obra original. Pero con Ender en el exilio los seguidores de Ender tienen la oportunidad de reencontrarse con los valores que llevaron al éxito a la primera novela de la serie.

lunes 24 de mayo de 2010

Bartleby, el escribiente

A veces lo único que se puede decir sobre un libro es que hay que leerlo. Aclaro que cuando en una crítica o reseña literaria leo adjetivos como imprescindible o esencial suelo pasar página inmediatamente. Tampoco es que me gusten esas listas tipo los n libros que hay que leer antes de morir -donde n oscila, generalmente, entre 100 y 1001-. Lo que hoy en día se considera esencial en la literatura suele tener mucho más que ver con las campañas publicitarias de las grandes editoriales que con la calidad literaria de las obras. Pero si vamos a lo que importa, a la literatura y a esas obras clave que cualquier lector vocacional leerá en un momento u otro de su vida, este relato merece estar entre ellas.

Bartleby, el escribiente (Herman Melville, Espasa-Calpe) apenas llega a la categoría de novela corta. Se trata de un relato sencillo y muy extraño a la vez. Precisamente en su rareza está la fascinación hipnótica que provoca. El narrador, un abogado de Nueva York, cuenta en primera persona una historia realmente curiosa. Aunque ya tiene empleados a tres escribientes en el despacho, el abogado contrata a un cuarto amanuense, Bartleby, que pronto se muestra como un copista rápido y eficiente, pero que también tiene un extraño comportamiento. Suele ser callado, le gusta permanecer aislado y separado físicamente de los demás. Pero los problemas comienzan cuando se niega a cumplir algunas de las peticiones de su jefe. El abogado, al principio, se sorprende de las pequeñas muestras de insubordinación de Bartleby, pero las deja pasar convencido de que son sólo pequeñas excentricidades. Pero poco a poco la actitud de Bartleby se va convirtiendo en insufrible: hace del despacho su hogar, y se niega a realizar cualquier trabajo que le pida su jefe.

La historia de Bartleby no para de generar interrogantes. ¿Es Bartleby un hombre de férrea voluntad, o de hecho no tiene voluntad alguna? Su actitud, ¿es resistencia, obstinación o apatía? Pero las preguntas que el lector se hace sobre Bartleby, también se las hace sobre su jefe. ¿Por qué el abogado consiente la actitud de Bartleby? ¿Está, él mismo, perdiendo la voluntad, o por el contrario actúa libremente, aunque de manera poco habitual?

Un relato tan sencillo y tan complejo a la vez, que provoca muchas horas de reflexión -mucho más tiempo del necesario para leer el relato-, es lo que yo llamo literatura. Y por eso creo que cualquier persona amante de los libros debería conocer no sólo este relato, sino las consecuencias literarias que ha tenido desde su publicación -a modo de ejemplo, recomiendo la obra de Vila-Matas, Bartleby y compañía-. Si con esto no os he convencido, sólo puedo recurrir a los tópicos, esos tópicos que odio. Así, podría decir que Bartleby, el escribiente, es una obra imprescindible, inexcusable, de lectura obligada... Pero, la verdad, preferiría no hacerlo.

viernes 14 de mayo de 2010

Territorio comanche

Arturo Pérez-Reverte guarda en su bagaje vital la experiencia de más de veinte años como periodista, como reportero de guerra, como enviado especial a los puntos más dispares del globo. Estuvo siempre presente, durante años, en los lugares más golpeados por la guerra, la barbarie y la muerte. Después de abandonar esa actividad comenzó una brillante carrera como novelista, que inició con obras como El maestro de esgrima o La tabla de Flandes, que no tenían mucho que ver con la guerra. Hasta que publicó Territorio comanche (Random House Mondadori).

Este libro, formalmente, es una novela, pero su contenido podría ser tanto ficción como fiel crónica periodística. Los personajes, empresas, guerras y pueblos que aparecen son de lo más real: compañeros de profesión del autor, periódicos, cadenas de televisión, y las guerras que sacudieron el mundo en el último cuarto del siglo XX, sobre todo la de los Balcanes. Que la historia concreta en la que se centra Territorio comanche sea el relato fiel de algo que sucedió realmente o sea mera invención poco importa. Los personajes que acaparan la atención en la novela son Barlés y Márquez, un reportero y un cámara que trabajan para Televisión Española, y que se encuentran cubriendo la Guerra de los Balcanes. Pocas horas antes de que se emita la segunda edición del telediario, ambos se encuentran apostados junto al puente de Bijelo Polje esperando poder captar con su cámara la voladura del mismo. Esperan un golpe de suerte, poder captar una imagen exclusiva y llegar a tiempo para que se vea en media España. Eso es lo que ocupa toda la novela, apenas unas horas de espera con la incertidumbre de si, finalmente, las tropas que combaten en las proximidades volarán el puente.

Pero no es esta la historia que Territorio comanche quiere contar. Barlés, Márquez y el puente son sólo la excusa, el escenario. En las horas que pasan junto al puente los protagonistas conversan, piensan y sobre todo recuerdan otras guerras, otros compañeros y otros combatientes. Ello permite a Pérez-Reverte hacer un recorrido por diferentes guerras, hablando tanto de los bandos enfrentados en cada una de ellas, como de los civiles que se encontraban a merced de los vaivenes del conflicto. Y le permite también trata el personaje múltiple, pero siempre el mismo, del reportero de guerra, una persona que no toma parte activa en el conflicto y que tampoco lo sufre pasivamente como los habitantes del país, que han tenido la desgracia de encontrarse en el campo de batalla, que no es otro que su hogar, su patria. El reportero de guerra va al foco del conflicto por su propia voluntad, se mete en la guerra para verla y contarla. Cuando tiene suerte vuelve, días o años más tarde, según la suerte y el estómago de cada uno, y completamente cambiado por lo que ha visto y vivido. Y los que no tienen tanta fortuna, simplemente mueren allí.

En Territorio comanche se afirma que la guerra, el horror, no se pueden contar, que no es posible transmitir de palabra las atrocidades, el sufrimiento que provoca la guerra. Y podría parecer contradictorio escribir una novela para lanzar ese mensaje. Pero no lo es. Territorio comanche no puede conseguir, como no puede hacerlo ningún otro libro, que el lector sienta los horrores de un soldado, o un civil que vive un conflicto bélico. La única manera de conseguir eso sería vivir el propio conflicto. Pero lo que sí consigue Reverte es mostrar el enorme abismo que media entre quien ha vivido la guerra y quien sólo la ha visto en pantalla a color, desde el cómodo sofá del salón. El lector del libro, el espectador de televisión, puede intuir el miedo, la barbarie y el dolor, pero no saber de ellos, Y eso queda en el lector de Territorio comanche como una carencia y, probablemente, como una culpa.

El autor aprovecha la novela para hablar de una profesión que conoce profundamente, de unos compañeros a los que, se nota, admira profundamente, y también de algunos otros a los que, por decirlo de una manera educada, no considera dignos de compartir el título de reportero de guerra. Amores y odios que se dan en todas las profesiones, pero que en esta tienen mucho que ver con tener o no el valor para jugarse el cuello, con querer vivir y contar la guerra o sólo salir en televisión para hablar de batallas con un bonito fondo de fuegos artificiales en segundo plano.

Pérez-Reverte tiene muy claro a cuál de estos grupos pertenecía, y por qué cree que merecía la pena hacerlo. Su libro no es una crónica de la guerra, sino el cómo y el porqué de una profesión que consiste en adentrarse en ella.

domingo 2 de mayo de 2010

El quinto día

El autor del que hoy os hablo es uno de esos espíritus inquietos que llevan su pasión a todos los ámbitos de su vida. Se licenció en Egiptología, pero su interés histórico no se centra en una civilización o una época concretas. La arqueología, las civilizaciones antiguas, los mitos y religiones le interesan por igual. Tras realizar un doctorado en Literatura Inglesa parece lógico que uniese su pasión por la historia con esa inquietud por la narrativa. Fruto de esa unión es el libro que hoy os comento.

El quito día (La Factoría de Ideas) comienza con un breve capítulo introductorio que aparece como algo ajeno a la trama que se empieza a desarrollar en las siguientes páginas. Esta introducción es tan breve que rápidamente se olvida cuando uno se adentra en la intrigante acción que se desarrolla durante la novela. Pero el lector vuelve a esa introducción, inevitablemente, cuando la novela ya va por las trescientas páginas. Es entonces cuando una relectura de las páginas iniciales nos da una nueva perspectiva de la historia, y comenzamos a entender realmente lo que se esconde tras El quinto día.

Explicaré lo mínimo acerca del argumento, ya que como es habitual en este género, cualquier exceso de información previa puede ser contraproducente. Thomas Kinight es un profesor de literatura inglesa que no está pasando por su mejor momento. Acaban de despedirle del centro en el que daba clases, y se intuye que ese es sólo el último de una serie de problemas personales que le atormentan desde hace años. En ese contexto un día recibe una llamada en la que le comunican una mala noticia: su hermano Ed ha muerto en Filipinas. Edward Knight era sacerdote. No mantenía contacto frecuente con su hermano Thomas, quien se sorprende de la noticia pero parece encajarla bien. Los dos hermanos no estaban muy unidos, pero aún así Thomas se desplaza hasta la iglesia en la que trabajaba habitualmente para echar un último vistazo a sus escasas pertenencias y, sobre todo, intentar obtener algo más de información sobre la razón por la que su hermano se encontraba en Filipinas cuando murió. Pronto se dará cuenta de que nadie está dispuesto a ayudarle a saber más. Hay personas, incluso, que parecen dispuestas a hacer lo que sea para evitar que Thomas descubra la verdad. Pero, la verdad, ¿sobre qué?

Cuando un desconocido entra en la que había sido la habitación de Ed y roba uno de sus objetos personales, Thomas comienza a sospechar que su hermano fue a Filipinas por algo más importante que el turismo o un retiro espiritual. Algunos indicios le llevan a pensar que su hermano se embarcó en una búsqueda, una investigación en la que seguramente encontró una verdad que alguien quiere mantener oculta. Pero no tiene ni idea de qué pudo ser. Thomas intentará al principio lograr ayuda acudiendo a la jerarquía eclesiástica, pero se topará con un silencio hermético. Solo el padre Jim, amigo y compañero de Ed, y el senador Devlin, que también le conocía, ofrecerán su colaboración a Thomas.

Thomas se convence de que algo grave hay tras la muerte de su hermano cuando es agredido por un desconocido que lo lanza, literalmente, a los leones. Será entonces cuando entienda que si quiere averiguar por qué murió su hermano deberá investigar por su cuenta y, sobre todo, vigilar siempre sus espaldas. Su investigación le llevará a viajar en primer lugar a Italia, a donde se digirió su hermano cuando comenzó su periplo. Parece que Ed iba en busca de los símbolos de los primeros cristianos, y que en la antigua Pompeya pudo haber encontrado algo al respecto. Nada, a priori, lo suficientemente importante para que alguien esté dispuesto a matar por ello. Thomas irá encontrando pistas sobre el viaje de su hermano, sobre sus descubrimientos y, poco a poco, sobre las razones que le pudieron llevar a la muerte. Tendrá que seguir viajando para cerrar todas las pistas, y tendrá que colaborar con diferentes personas que irá encontrando en su camino, entre ellas Kumi, su exmujer que ahora vive en Japón. Y siempre estará vigilado de cerca por una extraña versión de los Cuatro Jinetes del Apocalipsis, unas personas entrenadas para matar que siguen órdenes de un enigmático personaje que quiere detener a Thomas a toda costa.

El quinto día tiene una base histórica, pero es un libro de ficción. No abruma con cantidad de detalles sobre una época concreta del pasado. Se utiliza el cristianismo y sus primeros años como base argumental para una trama de investigación religiosa y científica, pero el eje de la novela es la acción pura, la intriga, el suspense y los giros sorprendentes que toman los acontecimientos en determinados momentos de la historia. Como en otras novelas del género, la capacidad deductiva del lector se pone a prueba constantemente. Algunos hechos se adivinan pronto, otros son una total sorpresa. Por supuesto, el lector más avispado será más difícil de sorprender, pero incluso el detective más sagaz se verá desbordado por la imaginación del autor y su maestría a la hora de dosificar la información para conseguir el efecto sorpresa sin dar la sensación de ser un autor tramposo. Justamente la moderación es lo que más destaca en este autor. Sabe llevar la narración a un tempo adecuado, lo suficientemente ágil como para mantener la atención constante del lector, pero dedicando las páginas necesarias cuando hay que describir hechos o conversaciones en detalle. El lector va encontrando respuestas a lo largo de la novela, sin tener que esperar al final para comenzar a comprender lo que sucede. Pero cada respuesta lleva a un nuevo enigma, con lo que el suspense está siempre asegurado.

En cuanto a la temática, El quinto día desarrolla un discurso sobre la religión y sus símbolos que nos lleva a reflexionar sobre la ortodoxia y los fundamentalismos. Lo que Ed descubrió, lo que Thomas, su hermano, intenta encontrar, es un hecho que podría parecer curioso, incluso interesante desde el punto de vista científico, pero nadie creería que valiese la vida de varias personas. Pero es, a la vez un símbolo religioso. Puede que tenga mucho valor en sí mismo, o puede que no. Pero lo símbolos, en religión, a veces cobran más importancia que la propia fe. Y hay quien llega a estar dispuesto a matar por un símbolo. Quizá dicho así nos parezca una afirmación demasiado gratuita. Pero si el autor ha construido una novela sobre este argumento no es por un exceso febril de imaginación. Hartley está constatando con El quinto día un hecho que nuestra sociedad ha tenido que reconocer de un tiempo a esta parte: que los fundamentalistas religiosos están dispuestos a matar hasta por una imagen.

Quien aún tenga dudas, que repase los hechos acaecidos en los últimos tiempos: Lars Vilks y sus caricaturas de Mahoma, o más recientemente, un capítulo de la serie South Park en el que el mismo personaje aparecía como un oso, son sólo algunos ejemplos. Después de considerar estos episodios, quizá El quinto día nos parezca una obra mucho más realista de lo que podríamos –y deberíamos- esperar.

domingo 25 de abril de 2010

La espuma de los días

El surrealismo y el absurdo son dos de las características de esta novela, quizá las más recurrentes, las que con mayor frecuencia se mencionan en tratados y críticas sobre su autor. Pero la obra de la que hoy os hablo contiene también filosofía, romance, sociología y hasta humor. Humor negro, claro, pero humor al fin.

La espuma de los días (Boris Vian, Alianza Editorial) es una breve novela que refleja a la perfección el mundo literario de un autor que ha pasado a la historia por ser uno de los precursores del teatro del absurdo. Ese absurdo deja algunas huellas en esta novela, aunque en ella predomina el surrealismo. Leer La espuma de los días es una experiencia parecida a oír un diálogo de los hermanos Marx mientras se contempla un cuadro de Dalí con relojes que cubren el paisaje, amoldándose a él como el queso fundido.

Colin es un adinerado joven que no necesita trabajar para vivir, un diletante que disfruta del amor, de la amistad, de la música y de la buena mesa. Su amigo Chick no es tan afortunado. Tiene un trabajo que le permite vivir con alguna que otra estrechez, pero lo poco que gana lo gasta en comprar obras del filósofo Jean-Sol Partre -caricatura de Jean-Pol Sartre, amigo en la vida real de Boris Vian-. Colin es generoso, y comparte con Chick todo cuanto tiene, pero siempre teme que su generosidad sea malinterpretada por Chick, y la tome como un insulto. Pero finalmente, cuando Chick encuentra a Alise, el gran amor de su vida, Colin decide regalar a su amigo una importante cantidad de dinero que le permita disfrutar de su vida con su mujer sin tener que trabajar. Casi simultáneamente el propio Colin conoce a Chloé, con quien acaba casándose. Los dos amigos parecen tener todo a su favor: la fortuna les sonríe, el dinero les sobra, y el amor les llena de felicidad.

Pero pronto aparecen los primeros nubarrones en ese idílico cielo azul. La obsesión de Chick por Partre va a más. No sólo compra cualquier ejemplar de sus obras, sino que paga cantidades absurdas por objetos o prendas del autor. De esa manera su fortuna comienza a evaporarse rápidamente, a la vez que comienza a descuidar a su mujer, embebido completamente en una enfermiza adoración por el filósofo. Por otro lado Chloé comienza a sentirse mal. Una extraña enfermedad va debilitándola poco a poco. Colin invertirá toda su fortuna, ya menguada por la donación que hizo a su amigo, en sanarla. En poco tiempo, tanto Colin como Chick se encontrarán sin dinero, y teniendo que trabajar por un salario mísero para seguir subsistiendo.

El amor trágico se hace el protagonista de la novela de Vian, junto con reflexiones sobre la fragilidad de la existencia humana. Las condiciones sociales de la clase trabajadora, la frialdad de los estamentos políticos y administrativos, o la crueldad de las personas ante las desgracias ajenas son sólo algunas de las muchas pinceladas que componen un fresco absolutamente sorprendente. No falta la alusión a la literatura. Chick es una suerte de extraño Quijote que lo abandona todo por seguir a un autor de manera obsesiva. Y podría seguir hablando de muchos otros elementos que se cuelan por las páginas de la novela y asaltan al lector a cada momento. Elementos que se presentan siempre con grandes dosis de surrealismo y algún que otro sinsentido, lo que no hace sino acentuar lo absurdo le las vidas de los protagonistas.

Para quien no conozca a este autor, esta hipnótica y original novela será todo un descubrimiento. No es, por supuesto, una novela al uso, y requiere una mente abierta dispuesta a leer sin prejuicios y sin esperar nada convencional. Pero es una obra que acaba atrapando, y que para lectores acostumbrados a la literatura más comercial, puede ser una gran oportunidad para abrir la mente a otros tipos de obras.

domingo 21 de marzo de 2010

Maldito karma

Aunque en España sea prácticamente un desconocido, David Safier es un guionista y novelista alemán muy popular en su país. Además de haber escrito el guión de varias series de éxito y tener varios premios de televisión, con su novela Maldito Karma (Seix Barral) ha conseguido un gran éxito de crítica y ventas, superando el millón de ejemplares sólo en Alemania.

La protagonista de Maldito Karma, Kim Lange, es una presentadora de televisión de gran éxito. Sus programas tienen gran audiencia, su prestigio es enorme, y está nominada al premio más importante que se concede en su país a un presentador de televisión. Pero conseguir esa posición en un sector en el que la competencia es feroz no ha sido nada fácil, y ha tenido consecuencias negativas en su vida personal. Su matrimonio hace aguas por el poco tiempo que Kim dedica a la vida familiar. Y su única hija reclama continuamente una atención que su madre no tiene tiempo de prestarle. El mismo día en que se van a entregar los premios de televisión, Kim tiene que elegir entre acudir a la ceremonia o participar en la fiesta del quinto cumpleaños de su hija. Por supuesto, elige la entrega de premios. Y allí, en un inverosímil accidente, Kim Lange muere y se reencarna en hormiga.

Y aquí es donde empieza realmente la novela. Toda la narración es una carrera de obstáculos para la ex-periodista, una dura prueba en la que se reencarnará varias veces y deberá intentar realizar buenas acciones para acumular el buen karma necesario para llegar, algún día, al Nirvana. Pero vida tras vida, Kim se irá dando cuenta de que desperdició su vida como humana en busca de su éxito profesional, abandonando a su marido y, sobre todo, a su hija. Cuando se da cuenta de lo mucho que quiere a esas dos personas, el karma y el Nirvana pasan a un segundo plano, y su único objetivo es pasar el mayor tiempo posible cerca de los que fueron su familia.

Pero el hecho de que la novela hable de reencarnación y karma, no significa en absoluto que sea una obra espiritual. Al contrario, el tema de la reencarnación es una simple excusa para lograr dos objetivos. El primero, y el que logra el autor sin ningún esfuerzo, es hacer una novela ligera, divertida y llena de situaciones sorprendentes por lo absurdo de los protagonistas. El hecho de que varios protagonistas sean humanos reencarnados en animales genera momentos cómicos que hacen que la novela sea entretenida y amena. El segundo objetivo parece ser una reflexión seria sobre los valores de la sociedad actual, las prioridades que asignamos en nuestras vidas al trabajo y la familia. El autor, de una manera un tanto ingenua y superficial, aborda un tema que siempre ha sido arduo, el de conciliar la vida laboral con la necesaria dedicación a la familia. Pero en la novela gana el humor frente a la reflexión. Las ocasiones en que Safier intenta profundizar sobre lo que es realmente importante en nuestras vidas -hace incluso alguna pequeña incursión en el tema de las religiones-, quedan ahogadas rápidamente por la necesidad de lograr un ritmo ágil en la novela y, sobre todo, por ese empeño en evitar el tono serio, rebajando la tensión rápidamente con un giro cómico. Así, cuando la narración empieza a adquirir un tono formal, reflexivo, parece que el autor teme espantar al lector y abandona rápidamente esa seriedad volviendo al estilo intrascendente y risueño en el que Safier se siente más cómodo.

La trama de Maldito karma, si bien es original, resulta bastante predecible, y salvo un par de sorpresas -una de ellas incluye una trampa de la que el autor podría haber prescindido-, no presenta sobresaltos ni giros inesperados.

Maldito karma es uno se esos libros que gustan sin saber demasiado porqué. El argumento es de lo más increíble, pero quizá por ello el lector tiene, desde el principio, una actitud de total aceptación, de que cualquier cosa que ocurra en la novela la va a admitir sin rechistar. Además, el tono de la novela es ligero, plagado de situaciones que despiertan la sonrisa en cada página. El toque humorístico y jocoso de la novela no esconde un intento de reflexionar sobre la vida y la muerte, sobre la importancia de priorizar las cosas realmente importantes en nuestras vidas. Si se queda o no es un mero intento es algo que cada lector deberá valorar.