domingo 26 de diciembre de 2010

Cordero

Os aseguro que es casualidad: que en estas fechas os traiga una reseña de un libro que tiene como protagonista a Jesús de Nazaret es sólo una divertida coincidencia. Divertida como todos los libros de este autor, capaz de novelar de una manera desenfadada, sorprendente y humorística la vida de un ángel, de un vampiro o, como en este caso, la de Jesucristo.

Cordero (Christopher Moore, La Factoría de Ideas) es fiel a una línea muy particular que el autor ha cultivado durante años. Las novelas de Moore ofrecen siempre una visión diferente de los personajes que parodia. Diferente por divertida, porque sitúa a sus personajes en situaciones poco convencionales y lo hace con respeto, pero con absoluta libertad creativa. Y esto es importante aclararlo. Cordero es una novela, no un libro de Historia. El autor no quiere bucear en la Historia ni redescubrir la vida de un personaje que ha tenido una importancia capital en los últimos veinte siglos. Moore simplemente se basa en ese personaje para crear una ficción divertida, a ratos hilarante, pero a ratos también profunda. Una novela, en definitiva, para dejar volar la imaginación y pensar cuál podría haber sido la reacción de Jesús ante situaciones, personas y hechos cotidianos.

Pero vayamos al argumento de Cordero. Raziel, un ángel celestial, recibe una curiosa misión. Justo al acabar el siglo XX debe bajar a la Tierra para resucitar a Levi, alias Colleja, quien fue el mejor amigo de Jesús de Nazaret durante toda su vida. La razón para resucitar a Colleja es sencilla: aunque los evangelios explican gran cantidad de detalles sobre los últimos años de la vida de Jesús, apenas dan algunos detalles sobre su nacimiento, mientras que su infancia y juventud son ignoradas completamente. Colleja, que es quien mejor conoce la vida de Jesús durante esos años, deberá escribir un nuevo evangelio para rellenar ese vacío, permitiendo a la Humanidad conocer la vida del Salvador durante esos años.

Colleja cumple su cometido diligentemente. Tras sobreponerse de la sorpresa que supone para él verse en una gran ciudad a finales del segundo milenio, comienza a narrar por escrito multitud de detalles de su amistad con Jesús. Con su natural desparpajo explica la infancia de un Jesús que buscaba su lugar en la vida, un Jesús que pese a sus poderes sobrenaturales, no renuncia a vivir una vida mundana, con los pies en el suelo; un Jesús que mostraba una especialidad sensibilidad por los desfavorecidos y que no soportaba las injusticias. Colleja cuenta cómo Jesús, tras intentar aprender un oficio sin demasiadas ganas, se embarca con su amigo en un largo viaje hacia oriente en busca de su verdadera vocación, de las respuestas a las inquietudes religiosas que siente. Y es que Cordero, además de dar una versión divertida -y si se quiere, hasta caricaturesca- de la vida de Jesús, no deja de lado una vertiente bastante más seria y profunda: la espiritualidad y, sobre todo, el deseo de hacer un mundo más feliz, más justo y más amable para todos. Sorprende gratamente que en un libro en apariencia banal se traten temas fundamentales de diferentes religiones y corrientes filosóficas. El judaísmo, el cristianismo, pero también el hinduismo, el budismo, y elementos como la meditación o el karma se tratan con humor pero con sorprendente acierto en determinados pasajes del libro.

Por lo demás Cordero se puede leer también como una novela de aventuras, como una road-movie en la que dos amigos recorren juntos el camino de la vida, en una historia llena de humor e ironía, pero también de sensibilidad, de ternura, y hasta de reflexión. Como siempre, la novela de Moore no decepciona.

Si estáis cansados de leer por estas fechas el consabido Cuento de Navidad y otras obras similares, Cordero puede ser una sana, divertida e interesante alternativa.

miércoles 24 de noviembre de 2010

Nocturnos

Kazuo Ishiguro nació en Japón, pero su educación europea –a los seis años se trasladó a Inglaterra- queda patente en su obra. No es un autor de estilo asiático –si es que ese tipo de etiquetas pueden aplicarse en algún caso-. No esperéis en la obra de Ishiguro reminiscencias de un Murakami o un Kenzaburo Oe. La obra de Ishiguro es de corte completamente occidental. Y sin embargo su estilo y temática es original, tanto que a veces coquetea con el absurdo.

En Nocturnos (Anagrama) se reúnen cinco relatos que, además de tener un enorme atractivo por separado, se empastan perfectamente. Y no sólo por tener en común algún personaje, o porque todos los relatos, en mayor o menor medida, tengan a la música como protagonista. En realidad, lo que hace de estos cinco relatos una unidad tan bien compactada es el tratamiento que en todos ellos se hace de las relaciones humanas. Relaciones de pareja, sobre todo, pero también relaciones en las que la amistad o el cariño progresan sin llegar al enamoramiento.

En El cantante melódico un joven músico que se gana la vida tocando como guitarrista en los locales de una plaza de Venecia reconoce un día entre su público a Tony Gardner, un famoso cantante que tuvo un gran éxito años atrás. El guitarrista recuerda que su madre estaba enamorada de la música de Gardner y se pasaba el día oyendo sus discos. Los recuerdos le obligan a presentarse y mantener una breve charla con el cantante. Después de unos minutos, éste le pide ayuda al guitarrista: quiere dar una serenata a su mujer. El relato aborda las relaciones de pareja y los motivos, a veces extraños, que pueden hacer que dichas relaciones continúen indefinidamente o se trunquen de manera inesperada. Al final, amor y convivencia no parecen tener mucho en común.

En Come rain or come shine el protagonista es Ray, un profesor de inglés de casi cincuenta años que ha vivido en distintos países y que regresa a Londres para visitar a Emily y Charlie, unos viejos amigos de su época de estudiante, una pareja que acabó en matrimonio. A su llegada se da cuenta de que la pareja no pasa por su mejor momento. Charlie confía en que Ray sea el salvador de su relación. De hecho le pide que pase un tiempo con hablando con Emily de cualquier tema excepto de música, que es la verdadera especialidad de Ray. Este se dará cuenta poco a poco de que tanto Charlie como su mujer le ven como un perdedor. Ellos tienen trabajos de éxito, una agenda muy ocupada y una bonita casa. A Ray le ven como un nómada sin hogar, sin una verdadera profesión y, además, sin una relación estable. Apariencias y realidad juegan al escondite en un relato en el que los verdaderos perdedores no saben que lo son y compadecen a todo el que no es como ellos.

Malvern Hills tiene como protagonista a un compositor y guitarrista que después de unos años intentando encajar en una banda decide dejar la ciudad y vivir una temporada en el campo. Convive con su hermana en el bar que esta y su marido tienen en plena montaña, gracias a un ambiguo acuerdo por el cual no debe pagar alojamiento ni manutención pero debe ayudar en el bar cuando sea necesario. Su nueva vida le permite dedicar tiempo a componer, pero sobre todo le llevará a conocer a una pareja que le hará tomar una nueva perspectiva de la vida y de sí mismo.

En Nocturno un saxofonista que nunca ha conocido el éxito acepta la recomendación de su agente de pasar por el quirófano. Según este último, la causa de que no haya triunfado es su físico, y si se somete a cirugía estética conseguirá que su carrera despegue. Mientras convalece, el saxofonista conoce a otra paciente, Lindy Gardner -que aparece, por cierto, en el primer relato de este libro-. Con ella conocerá la futilidad de la fama y las envidias, juegos de poder e injusticias que se dan en el mundo del espectáculo.

En Violonchelistas, el relato que cierra el libro, se repiten algunos elementos de relatos anteriores. De nuevo el narrador es un saxofonista y de nuevo el escenario en una plaza de Venecia. Pero esta vez el saxofonista es un mero narrador que habla sobre Tibor, el verdadero protagonista del relato. Tibor es un violonchelista que coincidió durante un tiempo con el saxofonista. En aquella época Tibor conoció a Eloise, una enigmática mujer que se presentó como una virtuosa del violonchelo dispuesta a ayudar a Tibor a depurar su arte. Pero, como se demostró después, no todas las personas entienden lo mismo cuando hablan de virtuosismo.
Los cinco relatos de este volumen forman un conjunto que mejora incluso la calidad de cada relato leído individualmente. De alguna manera cada relato refuerza a los demás, construyendo un universo absolutamente realista, pero empapado de la magia de la música. Una magia parecida a la de la literatura, capaz de abstraernos y de mantenernos hipnotizados por una canción o, como en este caso, por un libro.

viernes 12 de noviembre de 2010

Dune

Una combinación de falta de tiempo para leer y escribir, una racha de malas lecturas que creo no merece la pena mencionar aquí y, por qué no decirlo, algo de pereza, me han tenido apartado de este blog más tiempo del que hubiera querido. Desde que comencé con él me propuse comentar un par de buenos libros al mes, como mínimo. Espero volver al buen camino, y para ello aprovecho una reseña que escribi recientemente para el fanzine Punto de libro.

Dune (Frank Herbert, La Factoría de Ideas) es una ambiciosa y voluminosa novela sustentada en dos temas principales. Uno de ellos es un clásico en la literatura: las luchas de poder entre facciones –en Dune son diversas Casas feudales-. El otro, y aquí está uno de los elementos diferenciadores de esta novela, es el respeto al medio ambiente, la ecología y las especies y razas aborígenes. Hoy en día quizá no nos sorprenda esta temática, pero Dune fue pionera en tratar los conflictos que surgen cuando la acción del hombre entra en un ecosistema distinto al suyo. La elección entre adaptarse al nuevo entorno o intentar adaptar el entorno a nuestro modelo preconcebido es lo que Frank Herbert utiliza como eje de esta novela.

El argumento, pese a la longitud de la obra, es sorprendente por su sencillez. La Casa Atreides se ha hecho con la concesión del planeta Arrakis, un lugar inhóspito, desértico, pero en el que abunda una valiosa especia, la melange, que es clave en el comercio interestelar. Los Atreides, encabezados por el duque Leto y su hijo Paul abandonarán su planeta natal, Caladan, y se desplazarán a Arrakis, sabiendo que la valiosa concesión no es más que un regalo envenenado. La Casa Harkonnen, que hasta ahora explotaba la producción de la melange ha urdido una trampa para deshacerse definitivamente de los Atreides. Pero el duque y su hijo sólo intuyen la trampa: no saben en qué se concretará, en quien pueden confiar y en quién no. Cuando la traición se consume Paul se verá en una encrucijada. Por un lado deberá elegir a sus aliados, y los mejores parecen ser los Fremen, los habitantes autóctonos del planeta Arrakis. Estos valoran el agua como el bien más preciado del planeta, muy por encima de la melange, y se han adaptado perfectamente a las extremas condiciones de vida del desierto, que además de la escasez de agua plantea el peligro constante que representan los enormes gusanos de arena que acechan por doquier. Paul, además, se verá en un dilema ético entre explotar el planeta, extrayendo toda la especie posible sin preocuparte de sus habitantes, o intentar mejorar las condiciones de vida impulsando planes de transformación del planeta para poblarlo de vegetación y agua.

Naturalmente este es sólo un breve apunte del argumento. La novela aporta numerosos e interesantes detalles que dan más emoción a esta trama: los Mentat, que son capaces de ver en cierta manera el futuro, las Bene Gesserit, que han aprendido a controlar su mente e incluso la de los demás, y el propio Paul, que parece haber adquirido cualidades de ambos grupos. No en vano su madre, Jessica, es una Bene Gesserit. Las constantes alianzas y traiciones dan emoción a la obra, pero lo importante es que el argumento se mantiene fiel a su sencillez.

Dune, con una trama bien urdida y poderosa, sus intrigas, alianzas y traiciones para conseguir el poder, y los elementos de ecología que introduce en la trama, es una obra hipnótica, que atrapa al lector y le depara horas y horas de amena lectura. Además, el genio de Herbert se plasma en una redacción esmerada, casi barroca, que permite disfrutar de una obra de ciencia-ficción como si se tratase de una aventura medieval. La descripción de paisajes, estancias o medios de transporte no es, contra pronóstico, nada futurista, lo que hace la obra más cercana, si cabe, al lector. Y la construcción de los personajes está tan trabajada que mediada la obra estaremos convencidos de conocer personalmente a la mayoría de protagonistas.

Si dais una oportunidad a Dune no os arrepentiréis. Hay que dedicarle atención y horas, pero la obra lo merece. Y si al acabar os quedáis con ganas de más, sabed que Dune inauguró una saga de novelas que Herbert siguió publicando durante años.

jueves 12 de agosto de 2010

Duma Key

La época estival suele ser propicia para dedicar más tiempo a la lectura, pero también es cierto que en vacaciones se suelen buscar lecturas ligeras, no demasiado profundas y que no requieran apenas esfuerzo a la hora de adentrarnos en ellas. El libro que hoy os comento encaja en este patrón. Aunque no sea ligero en cuanto a extensión, ya que ronda las setecientas páginas, es una historia sencilla de seguir, con una atmósfera de intriga que llega a generar buenas dosis de inquietud, y en un estilo que asegura una lectura fácil y cómoda. Así que si estáis buscando una lectura sencilla, sin pretensiones y por esta vez no vais a ser exigentes con el nivel literario, Duma key (Stephen King, Random House Mondadori) es una buena candidata.

El protagonista de la novela, Edgar Freemantle, un acaudalado empresario de la construcción, sufre un accidente que va a significar un cambio de vida radical. Además de perder un brazo y sufrir problemas de movilidad en las piernas, el accidente le deja secuelas psíquicas. Un fuerte golpe en el cráneo hace que su memoria funcione de manera descontrolada. Tras el accidente será incapaz de encontrar ciertas palabras. Otras veces simplemente las cambiará por otras que nada tienen que ver. Sus problemas de memoria coinciden con brotes de ira que no puede controlar. Todo ello hará que su mujer se aparte de él. En poco tiempo se verá solo, alejado de la que fue su familia y su empresa, y sin ganas para seguir viviendo. Por recomendación de su psiquiatra, accede a regañadientes a pasar una temporada fuera, para lo que alquila una casa en los cayos de Florida, concretamente en Duma Key.

Es al llegar a su lugar de descanso cuando comienza a desarrollarse la trama de la novela. El lugar parece tener un efecto positivo tanto para su cuerpo como para su alma. Si físicamente cada día está mejor, y sus caminatas son cada vez más largas, mentalmente parece estar centrándose. La memoria vuelve a funcionar casi con normalidad, y en las pocas ocasiones en que se le encalla un recuerdo, es capaz de controlar su ira. Llegará incluso a hacer nuevos amigos, lo que es una señal más de que su vida se está recuperando. Pero Duma Key tiene, también, un inquietante efecto en el protagonista. Nada más llegar parece despertar en él una aptitud para el dibujo y la pintura que desconocía poseer. En pocos días su actividad pictórica será frenética, muy productiva y, lo que le sorprende más, de una calidad excepcional. Lo inquietante del asunto es que, de vez en cuando, sus pinturas serán algo así como fotografías del futuro, premoniciones o visiones que, invariablemente, acabarán cumpliéndose. Edgar empezará a atar cabos cuando su amigo Wireman le presente a Elizabeth Eastlake, una dama que ha pasado prácticamente toda su vida en Duma Key, y que tiene una triste y terrorífica historia a sus espaldas. Será entonces cuando Edgar descubra que deberá luchar contra una fuerza que actúa en Duma Key, una fuerza que es la que le hace pintar el futuro, pero que también puede ser mortal para él o los que le rodean.

La etapa de Stephen King en que sus novelas eran una orgía de sangre y monstruos hace tiempo que quedó atrás. Sus últimas obras son más introspectivas, se centran más en los personajes y conceden menos importancia al horror, aunque nunca prescinda de él. Duma Key tiene, por supuesto, algunas dosis de terror, un terror ligero, más insinuado que explícito. Hay, por supuesto, muertes tanto en el presente como en el pasado evocado por Elizabeth. Pero la extensión de la novela hace que la mayor parte de los recursos estén centrados en desarrollar los personajes y la historia, dotándola de multitud de detalles que la hacen cercana y –aunque suene paradójico-, creíble. El Stephen King de la primera época, la de las novelas en las que había más muertos que páginas, sólo aparece hacia el final de la obra, donde el desenlace acelera el ritmo en el que se suceden las desgracias.

Sin ser una de las mejores obras de Stephen King, Duma Key atrapa al lector como las mejores. Y es que, aunque la calidad de la literatura de King no sea equiparable a otros autores más serios, su oficio a la hora de crear historias y personajes está más que demostrado. Así, la novela acaba ganándose al lector, si no por su valor literario, sí por su calidad como narración. Puede que no sea lo mismo hacer literatura que narrar historias. King quizá no haga lo primero, pero es un maestro en lo segundo.

miércoles 30 de junio de 2010

El secreto del alquimista

Aunque es un recién llegado a nuestro país, ya que esta es la primera vez que se traduce una novela suya al castellano, Scott Mariani ha publicado ya cinco novelas con gran éxito en Gran Bretaña, todas con el mismo protagonista. Su especialidad es la novela de intriga histórica, con todos los elementos que han hecho de este género un éxito de ventas en los últimos años. Un misterio histórico, una investigación compleja, un personaje que carga con todo el peso de la trama, y un grupo de malvados que intentan por todos los medios liquidarlo, son los principales ingredientes.

Benedict Hope es el héroe de El secreto del alquimista (La Factoría de Ideas), del que al comienzo sabemos muy poco. Los detalles que se van obteniendo a medida que avanza la novela configuran un personaje duro, con un pasado militar y que arrastra un importante complejo de culpa por un hecho que sucedió en su adolescencia. Desde que abandonó las fuerzas armadas es una especie de soldado de fortuna que se dedica a una peculiar ocupación: rescatar niños secuestrados.

Ben recibe un encargo de un viejo millonario, un trabajo que en principio no tiene mucho que ver con su actividad habitual: descubrir a un personaje del cual sólo se conoce su apodo, Fulcanelli, y que quizá ni siquiera sigue vivo. En todo acaso lo que le interesa a Sebastian Fairfax, que es quien desea contratar a Ben, es un manuscrito obra del enigmático Fulcanelli. Cuando Ben rechaza el trabajo, argumentando que no es ese el tipo de casos que resuelve, Fairfax le sorprende con una curiosa revelación. Según el magnate, el objetivo final del encargo es salvar a Ruth, su nieta, enferma de cáncer. Fairfax parece estar seguro de que el manuscrito encierra un secreto capaz de sanar a su nieta, de manera que el trabajo para el que se le requiere se ajusta totalmente a lo que es habitual en Ben: salvar la vida de un niño. En esas condiciones, obviamente, éste acepta el encargo.

La investigación para dar con el manuscrito de Fulcanelli lleva a Ben a Francia. Allí intenta contactar con todo tipo de personas que puedan darle detalles sobre ese personaje, un alquimista que desapareció sin dejar rastro en 1926. La investigación entronca con la tradición cátara, de la cual el autor hace un resumen histórico breve pero exacto. En su misión Ben apenas cuenta con aliados: un viejo profesor de Oxford y una bióloga estadounidense afincada en París. Posteriormente se encuentra con otras personas que ocasionalmente le echarán una mano, pero también con varios personajes que intentarán que no logre su cometido. Al parecer, un grupo llamado La Espada de Dios, con vínculos con la jerarquía eclesiástica, está interesado en hacerse con el famoso manuscrito, o al menos en que Ben no pueda dar con él.

El ritmo de la novela, como suele ocurrir en este género, es frenético. Se suceden sin respiro viajes, revelaciones sorprendentes, robos, asesinatos y persecuciones de lo más variopinto. No El pasado de Ben no le ayuda en absoluto a mantenerse en el anonimato, y pronto se verá en busca y captura por la policía francesa. No faltan tampoco algunos conatos de romance, aunque la acción no le deja demasiado espacio. El personaje de la bióloga Roberta Ryder acompaña a Ben durante buena parte de la novela, lo que da pie a ciertos pasajes donde la acción queda aparcada durante unos párrafos, dejando el protagonismo a los sentimientos.

Pero El secreto del alquimista es, por encima de todo un thriller en toda regla, una novela que atrapa y se hace leer en dos o tres días –resulta imposible no leer un capítulo más, y otro, y otro-. Pero además de ser una obra que funciona perfectamente como novela de acción, deja al lector un cierto deseo por saber más sobre la alquimia y sobre los cátaros. Quienes no conozcan las veleidades alquímicas que tuvieron científicos de prestigio como Isaac Newton –y que han sido tratadas profusamente, entre otros, por Neal Stephenson- seguramente se sientan movidos a investigar algo más sobre el tema. Capítulo aparte merece la historia de los cátaros y la guerra de exterminio que les declaró el Vaticano en la edad media, sin duda otro tema interesante para cualquier lector curioso.

Como suele ocurrir con este tipo de novelas, el acierto requiere de las dosis justas de historia, ficción, misterio y acción. Scott Mariani no parece tener ningún problema en medir la dosis justa de cada ingrediente. Lo suyo es alquimia pura aplicada a la novela. Y el resultado final, aunque no sea el elixir de la vida eterna, os hará pasar unas buenas horas de lectura.

domingo 6 de junio de 2010

Ender en el exilio

Importante: en esta reseña se dan detalles y se revelan hechos fundamentales de los libros anteriores de la Saga de Ender. Si no los habéis leído, tenéis pensado hacerlo, y no queréis que os desvelen información, mejor aparcad la lectura de esta entrada durante un tiempo. Disfrutad, en todo caso, del vídeo promocional del cómic de El juego de Ender, pero no paséis de ahí.




Antes de entrar a analizar el libro de hoy, es obligado hacer una pequeña introducción para los que no conozcan la saga de Ender, o la obra de Orson Scott Card en general. En 1978 este autor publicó un relato -hay quienes lo catalogan como novela corta- titulado El juego de Ender (os hablé de él hace unos meses en esta entrada). La obra le valió un premio al mejor autor novel, y en 1985 volvió a publicar la misma historia aumentada y corregida, ahora ya como novela, pero con el mismo título. El juego de Ender se convirtió en una de las obras de ciencia-ficción más premiadas, más leídas y con mejores críticas. La historia narra la vida de un niño que con seis años de edad es apartado de su familia y obligado a entrar en la Escuela de Batalla, donde debe aprender estrategia bélica y prepararse para participar en la guerra que la Humanidad mantiene contra una raza alienígena, los insectores. Pese a que Ender siempre creyó estar trabajando en simuladores de batalla, lo cierto es que todas las órdenes que daba eran ejecutadas realmente. Cuando Ender descubre que ha participado en una guerra real, que muchos hombres han muerto cumpliendo sus órdenes y que la especie insectora ha sido aniquilada, queda traumatizado para siempre.

El éxito de la novela llevó a su autor a continuar la historia de Ender, ya como adulto, en tres novelas más que forman lo que se conoce como la Saga de Ender. Posteriomente publicó otras cuatro novelas -que forman la saga de la Sombra- donde el protagonista es Bean, un compañero de Ender en la Escuela de Batalla. El primer volumen de esta nueva saga volvía a narrar los hechos tratados en El juego de Ender, pero desde la perspectiva de Bean. Los tres siguientes narraban los conflictos políticos y bélicos de las decadas posteriores. En ellos tiene un gran protagonismo Peter, hermano de Ender y que se convierte en el Hegemon, lider absoluto del poder político y militar en la Tierra.

Pese a la existencia de ocho volúmenes dedicados a la historia de Ender y sus compañeros, los incondicionales de Orson Scott Card echaban de menos conocer con detalle la vida de Ender desde que abandona la Escuela de Batalla en el primer volumen hasta que aparece ya como adulto y miembro de un movimiento pseudo-religioso -algo así como una religión para los que no creen en ningún Dios- que promueve valores éticos, morales y sociales. Pues ese es el espacio que ocupa Ender en el exilio. O más bien el espacio que comienza a ocupar, ya que después de leer esta nueva novela, da la impresión de que puede ser el inicio de otra mini-saga. En este volumen se retoma la historia de Ender justo después del fin de la guerra contra los insectores. Ender se ha convertido en héroe de la humanidad tras haber exterminado a la raza alienígena. Pero precisamente por eso se ha convertido en un gran problema. Debe abandonar la Escuela de Batalla, pues la guerra ha terminado, pero si volviera a la tierra podrá convertirse en un arma de incalculable valor para cualquier gobierno o grupo que consiguiera controlarlo. Hyrum Graff, que fue el responsable de la formación de Ender, sólo encuentra una salida: enviarlo en una de las naves de colonización que se lanzan al espacio, para que ejerza como gobernador en una nueva colonia. Pero en el viaje le surgirá un competidor. El comandante de la nave en la que ha embarcado no piensa permitir que un adolescente sea gobernador de una colonia, y durante el viaje moverá los hilos para colocarse a sí mismo en posición de ostentar ese cargo.

Ender aparece en esta novela como un adolescente de gran inteligencia, pero torturado por haber cometido un hecho monstruoso: exterminar a toda una especie. De poco sirven las palabras de los que le rodean y que intentan consolarle con argumentos razonables. Fue una guerra, los insectores estaban atacando la Tierra, y lo que hizo Ender fue defender a la humanidad. Pero aún así, el sentimiento de culpa le impide encontrar la paz. Si Ender acepta viajar a un nuevo planeta no es por afán de poder. No le interesa demasiado ser gobernador. Su verdadera motivación radica en el hecho de que los planetas que se están colonizando habían sido ocupados antes por los insectores. Ender tiene la esperanza de poder estudiar a la especie a la que aniquiló gracias a las huellas dejadas por la civilización insectora en el planeta. No puede evitar pensar en que derrotó con demasiada facilidad a una especie muy inteligente y con gran experiencia bélica. En cierto modo se pregunta si los insectores se dejaron aniquilar voluntariamente.

Si el enlace con la saga original es evidente, no menos importante es la relación con la saga de la Sombra. Algunos de sus protagonistas reaparecen aquí, como Virlomi, la líder india que tras su fracaso en la Tierra viaja también como gobernadora a una nueva colonia. Especial importancia cobra -sobre todo al final de la novela- el personaje de Randall Firth, quien viaja en la misma nave que Virlomi. Randall es, según su madre, hijo de Achilles el Grande, y busca venganza por el asesinato de este a manos de Bean.

Ender en el exilio retoma el estilo original de El juego de Ender. La narración se basa casi exclusivamente en un juego estratégico de voluntades. Ender es un experto manipulador, y su guerra se libra en el terreno de las ideas, de los gestos y de las palabras. Siempre tiene un plan preparado para conseguir sus objetivos, y siempre hay una razón oculta para su comportamiento. El estilo narrativo, con abundantes diálogos, hace la obra tan amena y ligera como la primera entrega de la saga, lejos del estilo algo más alambicado de la saga de la Sombra.

Una serie que ya lleva nueve volúmenes publicados -y que parece que no acabará aquí- difícilmente puede mantener constante su nivel de calidad e interés. Es cierto que las últimas entregas no llegaron a convencer ni a critica ni a público tanto como la obra original. Pero con Ender en el exilio los seguidores de Ender tienen la oportunidad de reencontrarse con los valores que llevaron al éxito a la primera novela de la serie.

lunes 24 de mayo de 2010

Bartleby, el escribiente

A veces lo único que se puede decir sobre un libro es que hay que leerlo. Aclaro que cuando en una crítica o reseña literaria leo adjetivos como imprescindible o esencial suelo pasar página inmediatamente. Tampoco es que me gusten esas listas tipo los n libros que hay que leer antes de morir -donde n oscila, generalmente, entre 100 y 1001-. Lo que hoy en día se considera esencial en la literatura suele tener mucho más que ver con las campañas publicitarias de las grandes editoriales que con la calidad literaria de las obras. Pero si vamos a lo que importa, a la literatura y a esas obras clave que cualquier lector vocacional leerá en un momento u otro de su vida, este relato merece estar entre ellas.

Bartleby, el escribiente (Herman Melville, Espasa-Calpe) apenas llega a la categoría de novela corta. Se trata de un relato sencillo y muy extraño a la vez. Precisamente en su rareza está la fascinación hipnótica que provoca. El narrador, un abogado de Nueva York, cuenta en primera persona una historia realmente curiosa. Aunque ya tiene empleados a tres escribientes en el despacho, el abogado contrata a un cuarto amanuense, Bartleby, que pronto se muestra como un copista rápido y eficiente, pero que también tiene un extraño comportamiento. Suele ser callado, le gusta permanecer aislado y separado físicamente de los demás. Pero los problemas comienzan cuando se niega a cumplir algunas de las peticiones de su jefe. El abogado, al principio, se sorprende de las pequeñas muestras de insubordinación de Bartleby, pero las deja pasar convencido de que son sólo pequeñas excentricidades. Pero poco a poco la actitud de Bartleby se va convirtiendo en insufrible: hace del despacho su hogar, y se niega a realizar cualquier trabajo que le pida su jefe.

La historia de Bartleby no para de generar interrogantes. ¿Es Bartleby un hombre de férrea voluntad, o de hecho no tiene voluntad alguna? Su actitud, ¿es resistencia, obstinación o apatía? Pero las preguntas que el lector se hace sobre Bartleby, también se las hace sobre su jefe. ¿Por qué el abogado consiente la actitud de Bartleby? ¿Está, él mismo, perdiendo la voluntad, o por el contrario actúa libremente, aunque de manera poco habitual?

Un relato tan sencillo y tan complejo a la vez, que provoca muchas horas de reflexión -mucho más tiempo del necesario para leer el relato-, es lo que yo llamo literatura. Y por eso creo que cualquier persona amante de los libros debería conocer no sólo este relato, sino las consecuencias literarias que ha tenido desde su publicación -a modo de ejemplo, recomiendo la obra de Vila-Matas, Bartleby y compañía-. Si con esto no os he convencido, sólo puedo recurrir a los tópicos, esos tópicos que odio. Así, podría decir que Bartleby, el escribiente, es una obra imprescindible, inexcusable, de lectura obligada... Pero, la verdad, preferiría no hacerlo.